
El responsable de mantenimiento sabe muy bien de lo que habla. Anécdotas no le faltan. En una ocasión le tocó correr detrás de una señora que, ni corta ni perezosa, robó una maceta delante de sus narices. «Estaba subido en una escalera reponiendo el material cuando, de repente, una mujer se acercó y me preguntó si podía coger una planta. Le contesté que no, pero no me hizo ni caso. Me quedé perplejo», recuerda. Larrieta bajó rápidamente para ir detrás de la señora, que en cuestión de un minuto había consumado el robo. Pero la 'ladrona' consiguió salirse con la suya.
Con nocturnidad
Con la resaca del fin de semana, la desaparición de flores se hace aún más patente. «Muchos aprovechan para ir por la noche, cuando no hay gente», explica. Durante varias semanas, Andoni Larrieta tuvo que enfrentarse a una situación que parecía sacada de un libro de ficción. «Llegaba el lunes y me encontraba con 3.000 plantas en el suelo. Alguien las había sacado de su sitio y me las había colocado a los pies del Puppy, así que me tiraba toda la mañana recolocándolas», evoca.
Lo que en un principio se pensó que podría tratarse de un caso aislado, se repitió en varias ocasiones. «Hartos, lo denunciamos a la Policía Municipal de Bilbao y, en poco tiempo, cogieron al chico», revela. El robo de flores, no obstante, sigue siendo uno de los peores enemigos de Puppy.










