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En el corazón de Puppy
EL CORREO visita las 'entrañas' del famoso terrier para conocer las claves de sus cuidados, días antes de que se vista con flores de invierno

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En el corazón de Puppy
LARRIETA 'cuida' de Puppy desde hace 10 años. / IGNACIO PÉREZ
Andoni Larrieta acude cada mañana al museo Guggenheim de Bilbao. En horario de ocho a diez es el encargado del cuidado de Puppy, su mascota desde que la pinacoteca iniciara su andadura. Le 'baña' y acicala, en definitiva le pone guapo para que los turistas admiren su planta de terrier West Highland. Más de trece metros de cachorro con el que todos quieren sacarse una instantánea. De ahí que, presumido como es él, quiera estar siempre presentable.

La obra del artista americano Jeff Koons está compuesta por un total de 38.000 plantas, un traje a medida confeccionado a base de tres capas: una chapa armada en acero inoxidable, un sustrato de tierra y una malla geotextil que permite fijar la turba. Desde fuera el público sólo puede distinguir los miles de agujeros en los que van incrustadas las flores, pero desde dentro, en el corazón de Puppy, todo cambia. El vigía del museo está dividido en cinco alturas a las que se accede mediante un andamiaje interno, así como por un complejo sistema de tubos que permiten el riego y abono de toda la superficie por igual. «La distribución es homogénea; así se evita que algunas zonas queden demasiado aguadas y otras casi secas», describe Larrieta. Al menos, trabaja con tranquilidad. Desde el interior del terrier apenas se percibe el molesto ruido del tráfico.

El riego se activa todos los días a las diez y media de la noche, y se mantiene durante hora y media. A la mañana siguiente, Andoni comprueba el estado de las plantas y decide si Puppy necesita 'beber' más o, por el contrario, disminuir su dosis. «Todo depende del tiempo que haga», apunta. El abono se aplica una vez al mes, mientras que el cambio de tierra se lleva a cabo sólo «cada cuatro o cinco años», explica Larrieta.

Mantener las flores como el primer día resulta complicado. En seis meses, lo que suelen tardar en crecer y acomodarse a su nuevo hábitat, pueden llegar a estropearse unas mil unidades, sin contar las que desaparecen como por arte de magia, obligando a reponer constantemente los huecos vacíos.

Plagas de pulgones

Al cachorro de terrier le toca ponerse a finales de este mes la ropa de abrigo. Puppy, que tiene un peso de quince toneladas, pasará de los colores veraniegos de las alegrías, begonias, lobelias, tagetes y ageratos a los pensamientos. «Esta variedad aguanta muy bien las bajas temperaturas, hasta la nieve o los granizos», señala el responsable de mantenimiento. El peor enemigo de esta planta son los pulgones. «Se producen bastantes plagas, en especial cuando vienen días de viento sur», reconoce el experto.

Sólo hay una zona en la que el Puppy carece de flores: la papada. «En este espacio se coloca hiedra, que no tiene problemas a la hora de crecer hacia abajo», explica Ainhoa Sanz, responsable de conservación del museo. La mascota cuenta con alrededor de 600 macetas de esta variedad.

Veinte jardineros y diez operarios trabajan codo a codo en las épocas de 'muda' -los meses de mayo y octubre-. Sólo en colocar el andamiaje exterior se tardan dos días, mientras que el cambio de flores suele alargarse durante diez. «Al principio se solían regalar las plantas que se quitaban. La gente hacía hasta cola para llevarse alguna. Pero desde hace unos años la política ha cambiado y se ha optado por tirarlas», señala Larrieta.

El coste del cambio de flores ronda los 100.000 euros. En cuanto a la procedencia de las diferentes variedades, la mayoría proviene de un vivero ubicado en Garai, si bien cuando no hay existencias suficientes en Vizcaya, situación que suele darse con los pensamientos, se importan de países como Holanda o Francia. Puppy, como el museo, es ya un símbolo de proyección internacional.
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