
Leire se colocó en una de las esquinas, con la barra en medio, y su hermana en la otra, espalda con espalda. Al principio, la chiquillada resultaba graciosa, pero enseguida se cansaron. Cuando quisieron salir, les resultó imposible. Ni su madre, que se encontraba con ellas, ni los vecinos que bajaron de sus casas unos alicates pudieron liberar a las pequeñas. El tiempo pasaba y empezaba a anochecer. Las niñas daban ya muestras de angustia. «Cuando se ponen nerviosos, parece que se hinchan», comentaba jocoso ayer un padre con experiencias similares.
Policía y ambulancia
Finalmente, los adultos decidieron llamar al 112 y pedir ayuda. Se movilizaron una patrulla de la Policía Municipal de Barakaldo, una dotación del parque foral de Trapagaran, compuesta por tres bomberos y un vehículo, y una ambulancia de la DYA de Barakaldo en previsión de que las menores requirieran asistencia médica.
Los equipos de emergencia recibieron el aviso a las 19.15 horas. Cuando llegaron al lugar los Bomberos, un vecino se había hecho con una llave fija, que fue la que emplearon los miembros del servicio de extinción de incendios para desenroscar los tornillos de la cesta y desencajar a las dos hermanas, según informaron fuentes de la Diputación. Mientras trabajaban, se formó a su alrededor un corrillo de curiosos. Como medida preventiva, los agentes municipales se llevaron el columpio. Al final todo quedó en un susto, aunque es posible que a Leire y a Naiara les cueste olvidarlo.










