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Argentina contra el mundo
Los Pumas devuelven el orgullo a un país maltrecho, asombran por su entrega y desvelan por qué nutren al rugby europeo, donde ya juegan 600 argentinos
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Argentina contra el mundo
EMOCIONANTE. Los Pumas, la selección de rugby argentina, entona el himno nacional antes de uno de sus encuentros en el Mundial de Francia. / AFP
«¿¿¿Coronados de gloria vivamos o juremos con gloria morir!!!» Abrazados, hombro con hombro, los mentones apuntando al cielo, las lágrimas resbalándoles por las mejillas brillantes de vaselina y gritando a pleno pulmón el himno de Argentina. Así se presentaron los Pumas al mundo en el partido inaugural del Mundial de Rugby disputado en el estadio parisino de Saint Denis. Ese día se llevaron por delante a los franceses (12-17), pero, por la determinación de sus miradas, seguro que Leguizamón, Scelzo, Hernández, Roncero, los hermanos Contepomi o Pichot, hubieran podido derrotar a cualquiera.

Los Pumas, como Argentina, son un ejemplo de supervivencia. Un país con apenas 38.000 jugadores aficionados (Sudáfrica, su rival de esta noche, tiene casi medio millón de licencias) tiene capacidad para exportar 600 jugadores a Europa y para armar un combinado nacional tan ilusionante que ha obligado a retrasar la hora del partido de la máxima entre Boca y River para que el país pudiera seguir el match de rugby por televisión. Y eso, en Argentina, son palabras mayores.

Los Pumas asombran por el poderío de su juego de delantera y el criterio de sus tres cuartos. La mayoría son universitarios: Felipe Contepomi y Rodrigo Roncero se graduaron como médicos en Dublín y París y el pilier Omar Hassan Jalil, que proviene de la comunidad turca asentada en Tucumán, dejará el año próximo el rugby para dedicarse a la ópera como barítono. La mayoría también son emigrantes, claro. De los XV que derrotaron a Francia, nueve juegan en Francia, cuatro en el Reino Unido y sólo dos en Argentina. Eso, por no hablar de que casi una tercera parte de los internacionales italianos son argentinos de nacimiento o de que el medio de apertura de España, Esteban Roqué, también procede de allá.

¿Cuál es la razón del idilio que viven Argentina y el rugby? «En este deporte la gente va a dar, a poner lo mejor de sí. Esa entrega absoluta obra el milagro», explica a EL CORREO Rodolfo 'Michingo' O' Reilly, antiguo entrenador de los Pumas y ministro de Deportes con Alfonsín. «Aquí, el tercer tiempo, cuando los jugadores de los equipos que acaban de enfrentarse, comen y beben juntos, es una ceremonia sagrada, que no se perdió ni en los peores tiempos, cuando apenas alcanzaba para una gaseosa y una hamburguesa.Y eso se hace -señala O' Reilly- desde mosquitos, con sólo seis años».

«Los Pumas representan la solidaridad, la cooperación, la pasión y la lealtad hacia el grupo. Valores que se han perdido en Argentina. Son la metáfora del país soñado. En ese sentido, los Pumas no se diferencian de los chicos de cualquiera de los clubes del país. Han crecido sabiendo que hay que respetar al contrario, al árbitro y que hay que acomodarse al barro, al frío y a la adversidad: los botes del balón son traidores, pero no hay que quejarse... Así es la vida», resume Jorge Búsico, autor del blog sobre rugby más popular de Sudamérica.

Esos vínculos especiales, esa fraternidad sincera de la que hablan Búsico y O' Reilly se fragua en clubes y colegios centenarios para gente bien, con sus dos o tres canchas de rugby, su pista de hockey, su pileta y, en ocasiones, su campo de polo. Ahí están el San Isidro (SIC), el Club Universitario Buenos Aires (CUBA), el Hindú Club, el Club Atlético San Isidro (CASI) o el Colegio Cardenal Newman donde se educan las élites argentinas que nutren a los Pumas. Y pese a que el rugby se ha popularizado, aún conserva parte de ese aroma exclusivo y británico de sus orígenes. El balón ovalado llegó a Argentina con los ingenieros ingleses que construyeron el ferrocarril hacia 1870. Por eso en el rugby (pronúnciese rágkbi) conservan hasta el lenguaje original: no hay melées sino scrums, a los placajes se les llama tackles, a los ensayos, tries y los talonadores son hookers.

Ché Guevara jugó de medio de melée (su padre fue fundador del SIC) y ha habido Pumas ministros, como el mítico apertura Hugo Porta, y otros que han llegado a ocupar la presidencia de multinacionales.Otro rugbier histórico, el hooker Federico Méndez, uno de los primeros en emigrar, precisamente al rugby sudafricano, posee una bodega en Mendoza (Las Cuevas del Puma), aunque su gran mérito, dicen, era acudir a los terceros tiempos cargado de vino.

La 'bajadita' argentina

Claro que no todo es glorioso. 'Michingo' O' Reilly tuvo entre sus Pumas a un tal Alejandro Puccio (hoy, preso) que se dedicaba, junto a su familia, a secuestrar, torturar y asesinar a gente bien en su casa de San Isidro, uno de los barrios más elegantes de Buenos Aires.

Puccio, con el número 14 a la espalda, formó parte del combinado Sudamérica XV (compuesto por argentinos y un puñado de uruguayos y bautizado así para burlar el veto deportivo contra el país del appartheid) que derrotó a los Springboks sudafricanos por 21 a 12 en el Stadium de Bloemfontein el 3 de abril de 1982, al día siguiente de iniciarse la guerra de las Malvinas. Hasta estos días de ensalzamiento patrio y orgullo nacional, ese encuentro, con Hugo Porta en su mejor momento, se consideraba como la gesta más destacada de los Pumas. Pero además del asesino convicto, aquel día vistieron la camiseta albiceleste Serafín Denigra, Andrés Courreges y Pablo Devoto. Esa primera línea argentina ha pasado también a la historia por poner en práctica la famosa y demoledora 'bajadita', durante muchos años la verdadera seña de identidad del equipo.

La 'bajadita' la pusieron a punto el 'Ingeniero' Villegas, 'Catamarca' Ocampo y 'El Topo' Rodríguez. «Es un simple problema de Física- recuerda O'Reilly-, la primera línea empuja hacia abajo en el scrum y así los pilares contrarios no pueden hacerlo hacia delante y se quiebran», sonríe. Lo que no explica 'Michingo' O'Reilly es que el hooker de los Pumas talonaba el balón ¿¿¿con la cabeza!!!

«Nos devuelven la alegría»

Bien. Hoy son otros tiempos. Pero los jugadores han sido educados en esa tradición especial. «En Argentina el rugby es una forma de vida. Jugamos los sábados a las 4 y después del partido se montan fiestas que acaban de madrugada. Los amigos que haces en el rugby son para siempre. Si pasas cada martes y jueves de tu vida entrenando y cagándote de frío, el tipo que trota a tu lado será tu camarada pase lo que pase», resume Alejandro Pedro, un tres cuartos que juega en el Getxo R. T. y se formó en Los Tordos de Mendoza. «Ví a los Pumas el día que derrotaron a Francia y entiendo que Argentina esté eufórica. El país se paraliza para verles jugar. Ahora se disfruta siendo argentino. Ves a esos tipos llorar, ves su garra, que luchan todo el tiempo... Han devuelto la alegría a la gente», resume Pedro.

Pero muchos de estos Pumas que hoy se enfrentan en París a los rocosos Springboks no volverán a jugar un Mundial. Se han preparado a fondo entrenando durante semanas a 40º en Pensacola (EE UU) junto al preparador físico Joe García. Luego regresaron al invierno de Buenos Aires y pulir su juego en el Newman. «Para toda una generación es la última oportunidad de hacer historia», resume el medio de melée Agustín Pichot, 33 años. El valor de su presencia en semifinales es mayor si se tiene en cuenta que Argentina está aislada, que no compite ni en el VI Naciones ni en el TriNations.

¿Cazará el puma a la gacela? Bueno, aunque realmente el animal que lucen en sus escudos los rugbiers argentinos no es propiamente un puma. En realidad se trata de un jaguareté, el jaguar de la Pampa. Pero en 1965, durante la gira por Sudáfrica, un periodista confundió a los felinos y los bautizó para siempre. Hoy se enfrentan de nuevo al mundo.

j.mendez@diario-elcorreo.com
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