
GRAN CANARIA IURBENTIA -
De comienzos entienden los hombres de negro. Se abonan, en cuanto pueden, a la sorpresa. Enseñan el rigor de sus fauces en la primera acometida. Algo que llevan ganado. No se estremecieron los insulares ante el 7-0 y la modélica defensa local con que arrancó la actividad liguera en La Casilla. Tardaron los de Maldonado cinco minutos en quitar el cero del casillero visitante del luminoso. Huertas inauguró la jornada con un triple. Sería el reclamo de su condición anotadora (13 puntos con buenos porcentajes) que se vio empañada por las seis pérdidas finales que acumuló, las mismas que en Murcia. Hasta cierto punto no extraña. Debe liderar cuando esté en cancha una nave a cuya tripulación sólo conoce al completo desde hace tres semanas mal contadas.
Un tiempo muerto obró la recuperación canaria. Se vio, desde entonces, que es el Grupo Dunas un conjunto de currelas natos, de jugadores destajistas, y hombres dispuestos a la pelea. No importa a quién tengan en cancha, el resultado es más o menos el mismo: no hay dientes de sierra ni pirámides en su encefalograma, sus constantes vitales se mantienen equilibradas. Componen, como su cancha, la densidad de una roca que sólo se puede romper a mandoblazos.
Lo que parecía una salida al límite del semáforo, un demarraje en toda regla de los locales, quedó sumido en lo que, por otra parte, todo el mundo barruntaba como lógico. Un mar de igualdad, con corrientes cambiantes, mareas vivas, vientos racheados, nada cercano a la tranquilidad. Era un toma y daca constante que amenazaba con hacer zozobrar a quien dejara de sujetar con firmeza el timón. Ninguno de los contendientes lo hizo.
A favor, se alineaban una serie de matices. Los problemas a que condujo el iurbentia a Carl English como primera opción desde el perímetro. Su pareja de baile fue su mentor Savovic en el pasado que ambos compartieron en los Rainbow Warrior. El montenegrino le vino a decir al canadiense de Terranova que Bilbao no es Hawai, que en el 'botxo', sobre todo desde la pasada campaña, las victorias cuestan lo que la recolecta del azafrán, mucha labor, tiempo y dinero.
Anotaciones vitales
Perfilado el camino, llegó el momento de esquivar trampas, de superar errores de cálculo, de maniobrar sobre la marcha para no perder con despistes defensivos en los cambios de marca en el perímetro y pérdidas no forzadas expresamente la tremenda autoridad generada en la lucha por el rebote. Todo ello lo entendió sin demora el iurbentia. Se mostró ágil en las decisiones tomadas en torno a la pizarra. Fue capaz de generar juego y activar en momentos clave a sus jugadores interiores, que contaron con anotaciones vitales por la situación más que por la cantidad. Un par de dos más uno consecutivos de Banic, un palmeo de Weis, un mate y un triple de Rancik. Niquelados, con precisión suiza sobre las exigencias del choque.
Un inoportuno parón en el tercer cuarto provocado por la avería de uno de los relojes de posesión dio paso a unos instantes de desconcierto -los dos equipos carecieron del contador de 24 segundos en sus ataques- de los que los vizcaínos salieron mejor parados. La tercera personal de Huertas devolvió a la cancha a Salgado en otro instante vital. El de Santutxu fue un antídoto para los conatos de zona de Maldonado y dirigió a su equipo a una txanpa final de cuarto fundamental, con un parcial de 7-1 en un pis-pas que elevó la renta del iurbentia a seis puntos (56-50) como punto de partida del acto definitivo.
Justo a tiempo, mejor pensado, imposible. Fue entonces cuando el iurbentia mostró su mayor poso. Se comió un par de indigestos triples, pero no dudó, supo qué hacer, convirtió cada posesión en un tesoro dejando atrás su racha previa de pérdidas y se amparó, además, en pinceladas individuales, algunas con forma de brochazo, como el triple a tabla de Savovic desde el kiosko de La Casilla, cayéndose y sacando además un tiro libre adicional.
Bendita lectura final de partido. Lo que en otras etapas era un ejercicio de sufrimiento supino fue en esta ocasión una porción de diez minutos de dosis de madurez. Así dobló la rodilla un equipo plomizo, por pesado e insistente, que deja al Real Madrid como único equipo al que los de La Casilla aún no han mojado la oreja.








