
La joven, que asegura haber recibido «amenazas directas» de su vecina, ha sido una de las residentes más beligerantes contra el comportamiento de Ana Isabel. «Nos sacudía todos los pelos de los gatos en el balcón y nos inundaba de agua la terraza. El ruido y los portazos eran insoportables. Había días que tenía la música a todo volumen desde las ocho de la mañana hasta las dos de la madrugada. Llegó a cambiar la televisión de habitación para que estuviese encima de nuestro dormitorio», relata Ramajo.
Especialmente difícil ha sido la «persecución» padecida por otra de las vecinas. En su demanda, Gonzalo Juez hacía hincapié en los «ataques» sufridos por la mujer, que han derivado en un «grave trastorno psíquico del que ha sido sometida a tratamiento psicológico y psiquiátrico». En una de las ocasiones, la mujer se encontró el buzón «lleno de escupitajos y heces de gatos»; otro día, apareció «un pájaro muerto colgado del pomo de su puerta». Esta vecina llegó a denunciar a Ana Isabel a la Guardia Civil, después de que ésta le cortara presuntamente la cara «con una llave». Ante estos hechos, la mujer decidió acudir al domicilio sólo los fines de semana. Estaba completamente atemorizada.
'Mobbing inmobiliario'
Otro vecino decidió cortar por lo sano. Vendió la vivienda y se trasladó a vivir a otra provincia, harto de no poder disfrutar de un momento de tranquilidad en su propia casa. «Otros están tratando de hacer lo mismo, pero no lo consiguen porque se ha corrido la voz por todo Castro. Las inmobiliarias advierten a los posibles compradores del problema», señala Juez, que cree que el caso puede ser constitutivo de 'moobing' inmobiliario. «De hecho, el vecino que vendió tuvo que bajar el precio por debajo del mercado y perdió dinero», apunta.
El «acoso» sufrido por los inquilinos ha generado un «estrés psicológico» para muchos de ellos, que no podían dar crédito a las «denuncias falsas» en las que se veían inmersos. Un inquilino fue demandado por acoso sexual o por escribir carteles insultantes contra Ana Isabel que jamás salieron de su puño y letra. En su balcón, además de pelos de gato, apareció en una ocasión una jeringuilla; al poco tiempo, fue denunciado «por drogadicto». En otra ocasión sufrió los efectos de un «spray autodefensa».
Gonzalo Juez se muestra satisfecho por la sentencia, aunque cree que la Fiscalía debería «tomar cartas en el asunto» para evitar «este uso indebido y abusivo de la Justicia gratuita».








