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El Ironman recupera a Virginia
Tras recuperar la motivación, la triatleta vizcaína pone rumbo a Hawai para afrontar su tercera participación en la prueba «más grande del mundo»
07.10.07 -
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El Ironman recupera a Virginia
CON LA MENTE EN KONA. La triatleta bilbaína viaja hoy hacia Hawai. / FOTOS: FERNANDO GÓMEZ
«El Ironman de Hawai no es el más duro en cuanto a recorrido, pero es el más grande en todo lo demás y el más exigente. Es como el Tour de Francia del triatlón, lo máximo». La frase de la protagonista de este reportaje refleja con claridad lo que es una competición con aureola de cita mítica. 3,8 kilómetros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42,195 kilómetros de carrera a pie son las cifras a completar en una prueba fabricada con el fin de explorar los límites del cuerpo humano y a la que tanto los grandes triatletas profesionales como los aficionados de todo el mundo acuden año tras año con el objetivo de ser 'finishers'. Virginia Berasategui es una de esas triatletas que sabe muy bien lo que supone participar en el Ironman más prestigioso del planeta. No en vano, ya ha estado en dos ocasiones comprobando la grandeza de la cita hawaiana, y ahora ultima los preparativos para su viaje a un reto que se disputa el día 13.

Al margen de los indudables ingredientes de aventura y romanticismo que tiene acudir a la bahía de Kona, para la vizcaína, acostumbrada a las citas más exigentes del calendario mundial, el acudir a Hawai por tercera vez en su trayectoria deportiva tiene añadido un plus de satisfacción. El lema personal de 'nada es imposible' se hace realidad para explicar su retorno a Kona. «Para mí, estar ya es un premio, el premio a dos años de duro trabajo. Nadie sabe lo que me ha costado llegar hasta aquí», admite Berasategui. En concreto, dos años, desde que sufrió lo indecible para ser 'finisher' en el puesto 68 tras diez horas y media de trabajo, un derroche que a la postre terminaría por pasarle factura después de un 2005 lleno de complicaciones.

Aquel año tuvo que superar los sinsabores de los errores surgidos en un control antidopaje en Lanzarote y que pusieron su nombre en el punto de mira, y una preparación contrarreloj para llegar a tiempo a Hawai que dieron como resultado uno de los peores momentos de su carrera deportiva. «Después de tres semanas de descanso, cuando volví a los entrenamientos no tenía fuerzas. Estaba mentalmente agotada», recuerda. A la depresión se le unió luego una fractura por estrés y un problema en el hombro que le tuvo en total seis meses sin poder entrenar.

Ya con la temporada 2006 perdida, la triatleta bilbaína se centró en recuperar paulatinamente el ánimo por volver a ser quien fue, una ardua tarea después de tanto tiempo, pero de la que entresaca aspectos positivos. «Doy gracias a mi cuerpo por haber respondido y haberme llevado hasta Hawai. Le he vuelto a exigir y me ha respondido», dice. «Después de lo que pasé ha sido duro, pero he vu%elto. Tantos problemas me han enseñado a escuchar a mi cuerpo. Me costó recuperar el hábito de entrenamientos, pero me lo tomé con tranquilidad, sabiendo cuando tenía que descansar y cuando entrenar. Lo más duro fue volver a correr, a tener esa capacidad de sufrimiento necesaria, a pasar de un registro de pulsaciones...».

Una sorpresa inesperada

A base de esfuerzo y con el ánimo ya recuperado, la triatleta vizcaína comenzó su retorno. Poco a poco, sin prisas y sin agobios. Una concentración en Cambrils a finales de año dio paso a sus primeras competiciones. Con la llegada de 2007, Berasategui comenzó a forzar la máquina y el cuerpo a responderle, con lo que se fijó nuevos objetivos para la temporada. Tras haber trabajado con Iñigo Mujika, regresó con Angel Santamaria, con quien decidió que realizaría pruebas del calendario de 1/2 Ironman, una distancia en la que se desenvuelve a las mil maravillas -1,9 kilómetros de natación, 90 kilómetros de bicicleta y 21,1 kilómetros a pie-, así como el Ironman de Niza.

La cita francesa le sirvió para recuperar las sensaciones de una prueba a la que tanta afición tiene. Su cuarto puesto, peleando con las grandes especialistas del fondo, la permitió recuperar sensaciones olvidadas, pero la gran sorpresa del verano estaba por llegar. Su triunfo en Wiesbaden a mediados de agosto la sirvió para alcanzar cuando menos se lo esperaba el Ironman de Hawai. Y no se lo pensó. Tenía ocho semanas de margen, a su juicio suficientes para estar en perfectas condiciones en la línea de salida. «Prefiero llegar un poco más corta de volumen y con chispa, que no luego pasarme, que es lo que les sucede a muchas», afirma.

A su favor juega la experiencia acumulada en dos presencias anteriores, lo que le permite desentrañar sin problemas cuales son los secretos de esta competición que atrae a triatletas de todo el planeta. «Lo más duro es mantener la concentración. Por ejemplo, a cualquiera que preguntes por los recorridos de bicicleta, te dirá que el de Lanzarote es durísimo comparado con Hawai, pero date cuenta de que aquí son 180 kilómetros por rectas larguísimas, sin cambios, y psicológicamente se hace durísimo mantener la concentración y la posición en la bicicleta. También depende del viento que haga, que lo puede hacer más duro todavía».

Y es que la especialidad de las dos ruedas es la que termina por definir a una competición de este tipo. Ella bien lo sabe, porque en su primera presencia en Hawai, tuvo que poner pie a tierra cuando marchaba en un sensacional segundo lugar. Un tirón en la espalda por culpa de la posición en la bicicleta acabó con su esperanza, por eso sabe que el trabajo del acople es cuestión fundamental. «Sin duda, es algo que he trabajado mucho, y ahora mismo estoy contenta porque he encontrado un acople con el que estoy muy a gusto».

Pero no ha sido fácil. Para lograrlo, en estos meses ha realizado «mucho gimnasio de isométricos, lumbares, he tenido que fortalecer la zona de los dorsales... hay que tener en cuenta todos los pequeños detalles para que luego no tenga problemas». El acople a su montura lo ha realizado «bien en rodillo, o bien en salidas desde Sondika hacia la zona de Erletxes, o desde Plentzia por la zona de Gerekiz. Pero al final como siempre pillas alguna cuesta, también he ido a Vitoria para realizar series donde encontrar la postura idónea».

Para las otras dos especialidades, Berasategui reconoce que no ha tenido que variar demasiado sus entrenamientos respecto al trabajo realizado para competiciones anteriores. «Realmente lo que más he trabajado ha sido la potencia. He ido a nadar seis días a la semana, y en cuanto a la carrera a pie, he trabajado las series, y salidas largas tampoco he hecho mucho, ha sido más trabajo de calidad, y sobre todo, mucho gimnasio».

Desayuno, comida y siesta

Todo ello requiere que la triatleta vizcaína esté todo el día centrada en sus entrenamientos. No hay respiro cuando de preparar un Ironman se trata. «Me suelo levantar a las ocho, desayuno, dejo la casa más o menos recogida, porque cuando vuelvo no tengo ganas, y suelo ir al gimnasio o a nadar. Vuelvo a casa, como, echo la siesta que es sagrada y salgo por la tarde a correr. Otros días puedo cambiar, los sábados me gusta hacer las tres especialidades, y el domingo aprovecho para hacer las salidas largas en bici. La verdad es que hay días en los que aprovecho para ir sola, porque luego en competición es así y me gusta acostumbrarme a trabajar en solitario», explica.

Esta semana, la bilbaína se encuentra apurando sus últimos entrenamientos antes de partir hacia Hawai, y preparando todo el equipo necesario para participar en la prueba. Quizá el momento de mayores nervios, antes de centrarse en lo que es la prueba. Una vez empaquetado el material y ya en el escenario de la competición, Berasategui centrará sus sentidos en hacerlo lo mejor posible, aunque sin la presión de años anteriores. «Llego muy contenta, muy agradecida y muy animada por los últimos resultados. He seguido una trayectoria quizá diferente a otros años, en progresión y en función de lo que podía entrenar. He tenido que ir recuperando cuerpo y mente y ahora llego fresca, y con unas actuaciones recientes que me han motivado mucho», como el segundo puesto en el Nacional de distancia olímpica, en la que solo fue superada por Ainhoa Murua.

Su entusiasmo se convierte en prudencia cuando se le mencionan las opciones que tiene en la cita hawaiana. «Me gustaría estar entre las diez primeras, creo que con eso me puedo dar por satisfecha porque además aseguraría la plaza para el año siguiente y podría prepararme con tranquilidad. Pero están las mejores, y hay un grupo que estamos todas muy igualadas y en una prueba como esta depende todo de detalles. Por ejemplo, hidratarme y comer siempre que tenga que hacerlo y no olvidarme o relajarme, porque luego lo pagas. Si sale todo normal, yo creo que lo puedo hacer muy bien».

Pero lo más importante para ella ya está conseguido. Volver. Han sido dos años de regeneración, pero regresa a su prueba favorita. Agradecida y tranquila, «porque ya no tengo que demostrar nada a nadie», y con ganas de disfrutar de nuevo de una expeciencia única. «El Ironman de Hawai lo máximo de nuestro deporte».
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