
Amenaza de dimisión
Ayer, el alegato en favor de la unidad que el todavía presidente del EBB realizó en su 'carta de despedida' cobró más valor. Y todo porque ya no resulta aventurado decir que si Imaz hubiera intentado imponer sus posiciones al lehendakari, éste habría respondido con la dimisión. Esta hipótesis de trabajo, apuntada como una revelación por Xabier Arzalluz hace ya unos días, fue corroborada ayer por el propio Ibarretxe de manera indirecta, en un párrafo de su discurso redactado en tono solemne, a modo y manera de declaración de principios.
«Me niego a aceptar que no se puedan presentar iniciativas políticas hasta que ETA nos dé permiso para hacerlo, declarando yo que sé qué tipo de alto el fuego o tregua. Hasta ese momento, nada de nada, todos de brazos cruzados, aceptando que la dirección de ETA gestiones nuestras agendas. No y mil veces no. En el momento que aceptara este camino no sería ni un segundo más lehendakari de este país», proclamó Ibarretxe.
Y una renuncia del lehendakari habría resultado todo un cataclismo para un PNV que no ha terminado de superar el trauma de la escisión de 1985.
El lehendakari apareció así ante la opinión pública como el vencedor de un duro pulso. Pese al blindaje que el PNV ha aplicado a su debate interno en las últimas semanas, ésa fue la impresión que dejó ayer Ibarretxe en el tramo final de su discurso, que Imaz no escuchó en su totalidad. El presidente del EBB se ausentó durante unos minutos de la tribuna de invitados del Parlamento vasco, oficialmente para ir al servicio.
De todas formas, para entonces Imaz ya sabía lo que iba a decir el jefe del Ejecutivo vasco, quien, en cualquier caso, le había hecho llegar el contenido de su discurso con muy poca antelación. Al fin y al cabo, tampoco el todavía líder jeltzale concedió en su día mucho margen de tiempo a Ibarretxe para que conociera de primera mano su renuncia a continuar al frente del PNV: el lehendakari tuvo acceso a la carta de Imaz apenas unas horas antes de que ésta se hiciera pública.
Caras largas
Los fotógrafos de prensa captaron ayer numerosas imágenes de un Imaz con cara de póker. En las filas de su partido se pudieron apreciar otros rostros largos nada más concluir el discurso matinal del jefe del Gobierno vasco. El presidente del EBB ya se había marchado, casi a la carrera, evitando el acoso de la prensa. De cara a la galería, la unidad del partido quedaba nuevamente a salvo. Si había alguna duda de ello se encargó de disiparla, por la tarde, el presumible sucesor de Imaz, Iñigo Urkullu, quien aseguró que todas las propuestas presentadas ayer por el lehendakari cuentan con el «pleno respaldo» del PNV.
Un nuevo cierre de filas que, sin embargo, deja algunos cabos sueltos. La dualidad entre la consulta de «ratificación» de un acuerdo político y la consulta «habilitadora» que plantea el lehendakari encaja en el contenido del borrador de ponencia política aprobado hace casi tres semanas por el EBB. En la práctica, sin embargo, el lehendakari cierra la puerta a la búsqueda de ese acuerdo, al imponer como fecha límite para su consecución junio de 2008, apenas tres meses después de las elecciones generales.
EHAK tiene la llave
Pero, además, Ibarretxe se ha comprometido a pedir la autorización del Parlamento vasco para convocar esa consulta «habilitadora» con la que pretende que la sociedad de Euskadi impulse la búsqueda de un acuerdo de normalización política. Los votos del tripartito no suman, y el lehendakari no puede contar tampoco con los del PSE-EE y los del PP. Con ello, deja la «llave» de la consulta en manos de EHAK, que ayer, apenas tres horas y media antes de que Nekane Erauskin subiera a la tribuna de oradores para dar su primera réplica al discurso de Ibarretxe, recibió en su despacho parlamentario a cuatro de los principales dirigentes de Batasuna. Y si en algo han coincidido los tres miembros del Gobierno tripartito tras el fallido proceso de paz es que ese partido ilegal que ayer visitó a EHAK no es capaz de tomar ninguna iniciativa política si no tiene antes el visto bueno de ETA.
Todas estas cuestiones inquietan, y mucho, en algunos ámbitos del PNV, pero ninguno alzará la voz. Lejos de ello, el partido se dispone a celebrar mañana el que se presume como el más multitudinario y vibrante Alderdi Eguna de los últimos años, donde Imaz e Ibarretxe compartirán escenario. Porque la unidad es lo primero.






