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Calidad de la Educación, calidad del profesor
23.09.07 -
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Calidad de la Educación, calidad del profesor
Hoy día es muy frecuente oír hablar de la implantación de los procesos de calidad en las empresas, y muchos centros educativos también estamos involucrados en ello, como una forma más de mejorar la educación que impartimos. Todos los que de una manera u otra trabajamos en este mundo nos preguntamos continuamente :'¿Cómo alcanzar la excelencia en la Educación?'. Podríamos dar varias respuestas: con un proyecto pedagógico innovador; implantando un sistema de calidad para mejorar la gestión y que ésta sea avalada por un reconocimiento externo; con la mejora de las infraestructuras, instalaciones y, en general, de los medios materiales necesarios para desarrollar con eficacia nuestra labor, etcétera. Todas estas respuestas podrían ser más o menos válidas, pero, en mi opinión, si queremos alcanzar una educación de calidad lo más importante es conseguir la calidad del profesor, no del profesorado en general, sino de cada profesor en particular.

Cuando tratamos de la calidad del profesorado, pensamos siempre en su formación continua, tanto en su aspecto pedagógico como curricular; en la conveniencia de que domine dos o tres idiomas para llevar a cabo una educación bilingüe o trilingüe; en adecuar su enseñanza a las nuevas disposiciones educativas -la Ley Orgánica de Educación (LOE) y el Currículo Vasco-; en la adaptación de la metodología de las clases a la enseñanza por competencias, según las propuestas de la Unión Europea, etcétera. En todos estos aspectos se está trabajando con profesionalidad y competencia, pero hoy me gustaría poner el acento en uno muy especial que nos hace mirar más lejos: el importante papel que tiene el profesor como educador. A menudo, el pragmatismo de la sociedad actual lleva a ver la labor de los profesores y de los centros, casi sólo como simples transmisores de conocimientos y de unos ciertos valores genéricos, cuando realmente tanto unos como otros son un importante apoyo para los padres en la educación de sus hijos como personas.

Para hacer bien su labor, el punto de partida es que el profesor tenga verdadera vocación docente, que le guste lo que hace, que se dé cuenta de la importancia de su trabajo y que disfrute haciéndolo, ya que de no ser así podríamos contar con un profesorado que sabe pedagogía, que sabe enseñar, pero que no está capacitado para educar. Si queremos una educación de calidad no se puede reducir la labor de los profesores a impartir unas clases, su tarea es mucho más amplia y atractiva. El educador debe aspirar a ofrecer, junto a la buena labor docente, un estilo de vida coherente, que pueda ser un modelo válido para sus alumnos. Para educar es importante también que los profesores sean capaces de transmitir con su actitud el ideario del centro educativo en el que trabajan, ya que los padres que han optado por ese colegio -no podemos olvidar que la familia debe recuperar su protagonismo como escuela de virtudes y transmisión de valores- lo primero que esperan es que se eduque a sus hijos conforme a los valores que conforman ese ideario.

Uno de los aspectos que todos los miembros de la comunidad educativa debemos esforzarnos por vivir es la alteridad, esa actitud que lleva a ver en los demás -en el alumno, en otro profesor, en los padres- a personas a quienes se puede y se debe ayudar, y por tanto el profesor no sólo debe impartir las clases con altura profesional, sino que debe darse él mismo. Si esto se consigue, los padres verán realmente en el profesor un apoyo eficaz en la importante tarea de educar a sus hijos.

Otro aspecto que debe destacar en la labor del profesor y, por supuesto, en la de los padres, es la ejemplaridad. Es verdad que todos queremos dejar un buen legado a las futuras generaciones, pero lo mejor que podemos darles es nuestro ejemplo, no podemos olvidar que 'una imagen vale más que mil palabras'. Nuestros jóvenes necesitan el ejemplo de personas con voluntad, es decir, con la fortaleza necesaria para lograr aquello que consideran bueno y valioso, y conseguir así una mayor libertad, porque son capaces de alcanzar las metas que se proponen mediante un trabajo esforzado y prolongado en el tiempo. Sólo si despertamos en los alumnos el interés por conocer la verdad, y procuramos fortalecer su voluntad, conseguiremos, además de unos buenos resultados académicos, que sean personas responsables en el futuro.

Los profesores que entienden así su tarea docente sienten profundamente la grandeza de su profesión, son capaces de estar ilusionados con la tarea diaria y harán que su autoridad y su prestigio social sean cada vez más reconocidos. Esto nos lleva a esforzarnos por hacer cada día un poco mejor nuestra labor de educadores, tratando de ser una referencia válida para nuestros niños y nuestros jóvenes, y una ayuda eficaz para los padres en la educación de los hijos.

Éste es el principal reto que tiene cualquier proyecto educativo que tenga como misión preparar unos buenos ciudadanos para el siglo XXI, y en ello nos debemos involucrar todos y cada uno de los profesores. Ya sabemos que esto no es fácil, pero ¿hay algo fácil que merezca la pena?
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