
-¿Cómo resumiría las dos primeras semanas de Vuelta?
-Han tenido dos partes. La primera llegó hasta Andorra. Fue la semana de más exigencia física. Las caídas marcaron la carrera. Corredores como Cunego, Zubeldia y Devolder quedaron tocados. Y se redujo el grupo de favoritos.
-Y más aún tras la contrarreloj de Zaragoza.
-Ese día nos marcó. El resultado de Menchov estuvo incluso por encima de lo mejor que él hubiera pensado. Y desde ahí, la carrera ha ido siempre a la contra y a la espera de la sorpresa. Quizá fue un error poner una crono tan larga. Si quitáramos las diferencias de esa etapa, la general estaría muy ajustada y con todo abierto. Ahora creo que Menchov lo tiene prácticamente hecho. Aunque todavía queda Abantos.
-La segunda parte coincidió con una semana sin montaña. Eso ha generado críticas. ¿Se arrepiente ahora de ese diseño?
-Hay que asumir que la Vuelta es una de las tres grandes. Es patrimonio de los españoles, pero pertenece al ciclismo mundial. Y aunque en España los sprints no son apreciados, hay que incluirlos. La Vuelta la ven en directo en Holanda y Bélgica, por ejemplo.
-Pero, ¿no faltó intercalar una etapa de montaña?
-Reconozco que la segunda semana es criticable. Quizá, si pudiera volver atrás, pondría un puerto como Aitana.
-Por cierto, ¿cómo van las audiencias televisivas?
-De media tenemos cien mil espectadores más que el año pasado. Pero ha bajado la cuota de pantalla. Lo que hay que destacar es la respuesta de la gente en la calle. Y muchos de ellos son jóvenes. Éste es un deporte de cuneta. Que no se olvide. El ciclismo sigue interesando. Y mucho.
Los platos rotos
-Al disputarse en septiembre, esta edición ha pagado los platos rotos de un año de escándalos con el dopaje.
-Si yo hiciera el calendario, volvería a abril-mayo. Cuando se cambió a septiembre, fui, junto a Echávarri, uno de los máximos opositores al traslado. En abril-mayo la gente viene con ganas, los españoles puede ir luego con garantías al Tour... Ahora jugamos a la contra. Sabemos que el ganador del Tour nunca va a estar en la Vuelta.
-Además, sigue la lucha interna del ciclismo. La UCI acaba de sacar una lista de sospechosos en la que figuran los primeros clasificados de la ronda.
-Hay que dar por supuesto que la UCI actúa de buena fe. Ahora bien, en el caso de la lista ha cometido un error. Pone en el mismo sitio a corredores que ganan muchas carreras y a ciclistas sospechosos de dopaje. No se puede meter ahí a gente que lleva una vida ejemplar. No se puede mezclar a, por ejemplo, Sastre, con corredores envueltos en procesos por dopaje.
-¿Por qué actúa así la UCI?
-La UCI ha comprendido al fin que el problema de este deporte es su falta de credibilidad. Si el público no cree lo que está viendo, acabará por irse. Si esto es la lucha libre americana, donde los golpes son falsos, no merece la pena estar una hora en la cuneta para ver pasar al pelotón sólo un segundo. Pero la UCI se ha equivocado al querer trabajar sola. En el tema del dopaje no puede haber intereses particulares. Hay que estar todos juntos.
-Mientras llega esa unión, el ciclismo se suicida.
-En la Vuelta nos hemos reunido las tres grandes vueltas y las federaciones más importantes para tratar los dos temas clave: el dopaje y, sobre todo, el UCI Pro Tour, el daño que le está haciendo a las carreras y los equipos pequeños. Pero no es un deporte suicida.
-Lo parece.
-Ya, pero cuando yo llegué al ciclismo en 1980 la Vuelta no tenía ni garantía de celebrarse. El día de la presentación de equipos, a Luis Puig (patrón de la ronda) le dijeron que no iba a haber televisión en directo. Aquella Vuelta, la que ganó Rupérez, apenas apareció minuto y medio en los telediarios. Estábamos sólo cuatro equipos españoles. Y para que entrara el quinto, el Reynolds de Echávarri, tuvimos que renunciar a parte de nuestras ganancias.
-El ciclismo siempre ha sido un deporte pobre.
-Lo fue. Recuerdo que a mi equipo, el Zor, que era de los buenos, no le admitían a veces en los hoteles. Decían que los ciclistas daban problemas, que lavaban las bicicletas en las bañeras... Pero salimos adelante. En 1983 la Vuelta ya se emitió en directo.
-Pero ocurre como en el teatro, que no se termina la crisis.
-Nuestro gran error fue en 1998, con el 'caso Festina'. No nos paramos a reflexionar. A partir de ahí, todos se convirtieron en salvadores. Cada uno fue por su lado. Espero que con la reuniones que tenemos ahora podamos empezar a solucionar esto. El 25 de octubre, el Tour anunciará por dónde van a ir los tiros en el futuro. Si en las próximas reuniones no hallamos la solución al dopaje, es que no la hay.
Las nuevas 'cronos'
-¿Seguirá el UCI Pro Tour?
-Tal como es hoy, no. Unir a los mejores corredores en las mejores carreras es un gran concepto. Pero es imposible en 157 días de competición. El Pro Tour no permite la participación de los equipos de segunda, y eso seca las raíces del ciclismo. Queremos un Pro Tour de 16 equipos, y no de 20. Así habría margen para que accediera el segundo escalón del ciclismo.
-¿Cómo será la Vuelta de 2020?
-Cambiarán, por ejemplo, las 'cronos'. Ahora crean un problema de logística brutal. O las haces por autovía o cortas una ciudad durante cinco horas. Se puede plantear una contrarreloj dentro de un polideportivo. Los 180 corredores sobre bicicletas estáticas, todos a la vez, y con el público viendo el resultado en las pantallas. Y hay algo que va a revolucionar el ciclismo: ajustarse a la parrilla de televisión. Puede ser parecido al ciclocross. Vueltas a un circuito y que el recorrido no se mida por kilómetros, sino por el tiempo. Se llega a meta cuando conecta la televisión.
-¿Qué siente al mirar la lista de últimos ganadores de la Vuelta?
-Nos quedamos tocados con el caso de Heras. Me afectó mucho. Roberto nunca había enganchado con la afición, pero en esa Vuelta lo hizo. La gente empezó a quererle. Y mira... La verdad es que me da pena mirar la lista. El año pasado tuvimos una gran carrera, con un español (Valverde) y un extranjero en pleno duelo. Luego, en el Tour, descubres que Vinokourov ha hecho trampas. No puede ser. A ver si tras las reuniones que ahora tenemos establecemos un criterio de lucha antidopaje único y claro. Saber lo que hay que hacer y hacerlo. Y no estar todo del día dándole vueltas.

















