La guerra de Bush ha sido así, el apasionamiento de una entrada solemne de los apuestos marines, con nuestra aguerrida y adorada Mercedes Gallego a la cabeza (¿qué tiempos aquellos!) y la retirada, como el agua que se escapa por el cedazo, uniforme a uniforme, para que no desaparezcan de pronto las estrellas americanas del firmamento iraquí y todo quede a oscuras. El general Petraeus ha dicho que se irán unos 30.000. Que no son el huevo, pero sí el fuero. Es la última cagada. Hay un interés en que la llama perviva y Bush sopla caníbal sobre la brasa como si asara chuletillas. Pero en el fondo sabe que ya ha enseñado la patita y que el repliegue es una retirada a plazo, o una derrota a plazo. Las victorias tienen una proclamación súbita, mientras que las derrotas son como el dengue, te vas cagando hasta la deshidratación y, a veces, hasta la muerte de vergüenza.
Los países tendrían que pagar una indemnización por estragos tras abandonar a su suerte a un país arruinado. No hay derecho. Matan a una generación y vuelven a casa a cuidar de sus zumbados y de sus viudas. Soldados inocentes que se alistaron por un mendrugo o una nacionalidad y que han logrado, como conquista suprema, morir como soldados estadounidenses o quedar para siempre mirando el tráfico detrás de una ventana. Pero será un regreso sin confetis, porque en realidad nadie quiere verlos y mucho menos exhibirlos. Recogen el petate sigilosos como el que abandona una película porno o sale de su casa para que su mujer no le encalome otro recado.
El Gobierno iraquí está como loco y considera que las declaraciones del general son un signo de continuidad, cuando en realidad el matrimonio languidece y nadie sabe ya como medir la frigidez de la pareja. La señal da fuerzas a la insurgencia y abona el espíritu fanático de esos jóvenes locos empeñados en actuar a lo grande y lograr el traslado de un país entero al paraíso. En el cielo de Alá hay overbooking. El problema se suscitará cuando se vayan los americanos y no haya invasor contra quién canalizar tanta fuerza bruta y destructora.






