
Tanto republicanos como demócratas aprovecharon para expresar grandes dudas hacia los planes de mantener un sustancial contingente militar en Irak por lo menos hasta que el presidente Bush agote su mandato, en enero del 2009. Una creciente frustración que se vio reflejada en duras preguntas sobre el calendario del actual compromiso adquirido por el Pentágono y las perspectivas reales de Irak en términos de estabilidad política y reconciliación nacional.
El embajador Crocker evitó predecir hasta cuando va a durar la masiva implicación militar en Irak, limitándose a señalar la existencia de «mejoras lentas» en un gobierno muy disfuncional como el de Bagdad y que un final no estaría precisamente a la vuelta a la esquina. Mientras, el general Petraeus, pese a ofrecer una imagen de calma y disciplina durante su prueba de fuego parlamentaria, ha terminado por compartir sus propias amarguras ante el escéptico interrogatorio senatorial, llegando a decir: «Estoy tan frustrado por todo esto como cualquiera de ustedes».
De acuerdo a la respetuosa liturgia parlamentaria de la Cámara Alta, los senadores en sus respectivos turnos reconocieron los méritos y dedicación de Petraeus y Crocker, pero sin dejar de confrontar su testimonio de avances y planes para dejar «solamente» 130.000 soldados en Irak a partir del verano que viene. Hubo preguntas bastante demoledoras, como la formulada por el senador republicano Richard Lugar sobre si los iraquíes quieren de verdad ser iraquíes. Cuestión que conecta con el reproche de que las tropas del Pentágono ahora están condenadas a arbitrar una guerra civil en Irak.
Profundas rivalidades
En repetidas ocasiones, el embajador insistió en que nadie debe esperar una clara victoria en Irak, argumentando que el éxito de estabilizar y democratizar el país seguramente solo podrá apreciarse en términos retrospectivos. Mientras, el general Petraeus reconoció las profundas rivalidades sectarias expuestas tras el derrocamiento de Sadam Hussein. Pronunciamientos que han provocado más dudas entre los senadores, con el demócrata Robert Menendez preguntándose el sentido de sacrificar más soldados para que los iraquíes se puedan dedicar «a una competición por poder y recursos» sin molestarse en construir su país.






