
«Las personas que están convencidas de que quieren mar es difícil que cambien de opinión, pero los que no lo tienen tan claro, sino que sólo buscan descansar y disfrutar de su tiempo libre, se están dando cuenta de que hay sitios preparados bastante más asequibles», coinciden las inmobiliarias consultadas por este periódico. El patrón inicial suele ser muy similar en la mayoría de los casos. «La gente pide primera o segunda línea de playa, pero no quiere pagar más de 120.000 euros y eso es algo que ya no existe», señala un representante de Don Piso. Hace cinco años todavía podía uno toparse con alguna que otra 'ganga' de este tipo, pero de dicho tiempo a esta parte resulta «imposible». La costa vizcaína es, sin duda, un claro ejemplo de la «saturación» que se vive en estos destinos.
Sopelana ha pasado a demandarse como primera residencia ya que los precios son desorbitados. «Lo más barato, un piso con dos habitaciones, ronda los 318.000 euros, mientras que si hablamos de tres dormitorios y garaje la cosa puede subir hasta los 588.000, unos 98 millones de las antiguas pesetas», describe un agente de Fincas Indautxu. Las parejas optan más por Plentzia o Bakio, pero la media de un piso, con una antigüedad de 35 años, supera los 300.000 euros. Y eso no es todo. Un chalé o un caserío a reformar, por ejemplo, en Bermeo o Ea, suele superar los 600.000 euros.
La costa cántabra, que desde hace unos años se ha visto invadida por vizcaínos, se ha visto envuelta en una burbuja de dimensiones considerables. Las localidades más demandadas son Laredo, Ajo, Isla y Noja, ya que «Castro se ha convertido en una zona en la que se reside durante todo el año debido su cercanía», apuntan en Fincas Indautxu. El problema, como casi siempre, reside en el precio: la media de un apartamento de dos habitaciones se sitúa ya entre los 180.000 y 240.000 euros, nada que ver con los 15 millones de pesetas que se barajaban hace años.
Preferencias
El capricho de una segunda residencia sale caro y los interesados empiezan a ser conscientes de la oferta turística que existe más allá de los arenales. «El factor precio influye. De ahí que la demanda del interior esté superando a la de la costa», aseguran en varias inmobiliarias bilbaínas. Lejos de las interminables caravanas de tráfico que se forman cada fin de semana en la costa, La Rioja y Burgos se presentan como las opciones más atractivas. Y es que, en función del terreno, una casa en la ladera del Gorbea o en Arrankudiaga puede salir también por un ojo de la cara. Entre 720.000 y 570.000 euros, respectivamente, según Bilbokosta.
Las zonas más asequibles se encuentran en la carretera Logroño-Soria, tales como Nalda y Albelda de Iregua, o los pueblos que están en dirección Navarra: Sartaguda y Lodosa, entre otros. En cuanto a Burgos, conviene olvidarse ya de Villasana de Mena o Medina de Pomar, en las que hace tiempo cuelga el cartel de 'overbooking'. Otros nombres, por el contrario, empiezan a sonar con insistencia. Lugares como Poza de la Sal. «El 30% de la gente que tiene una casa allí es ya vizcaína», apunta un portavoz de Fincas Indautxu.
Los precios hablan por sí solos. Y es que las oportunidades que uno puede toparse en estos sitios podría decirse que entran, por el momento, dentro de las expectativas que se forman los compradores. Partiendo, sobre todo, de la premisa que marca el calificativo asequible. Los precios que baraja Fincas Indautxu tanto en los pueblos de Burgos como de La Rioja dejan entrever otra realidad. Una casa de dos plantas con tres o cuatro habitaciones y jardín, 90.000 euros. ¿Cuánto costaría una residencia similar en la costa? Mejor no hacer números.








