El objetivo que buscan, sin embargo, no siempre es el mismo. Existe una diferencia importante entre los que se decantan fielmente por la costa y aquellos que optan por el interior. Los primeros suelen utilizar el inmueble que adquieren exclusivamente en verano o puentes como el de Semana Santa, cuando el buen tiempo, en teoría, está más asegurado. Durante el resto de los meses, el apartamento está cerrado. Una tendencia aún más acusada en caso de que el piso esté situado, por ejemplo, en el Mediterráneo. «Hay personas que pagan 120.000 euros por un piso en Murcia que sólo disfrutan un mes, mientras que lo que queda del año lo tienen en alquiler», comentan responsables de Fincas Indautxu. En cambio, los que se decantan por el interior no se rigen tanto por la meteorología. «Gran parte de estas personas suele hacer uso de la residencia durante todos los fines de semana del año», aseguran.
El alto precio que hay que pagar por una segunda residencia, en especial en la costa, ha provocado la caída en picado de otro tipo de cliente, el que veía en la compra de este tipo de inmuebles una inversión rentable. «La gente se ha dado cuenta ya de que no se trata de una operación tan beneficiosa como hace tiempo», revelan en Don Piso. Hasta hace cinco años la práctica de adquirir un piso, tenerlo unos cuantos años en alquiler y luego venderlo estaba en auge. «Antes podías comprarlo por 180.000 euros, esperar un tiempo, y ganar unos 60.000 euros extras al sacarlo al mercado de nuevo», explican.
El problema es que la burbuja inmobiliaria ha tocado techo y no sólo resulta «complicado» revender los pisos, sino que las elevadas cantidades que se pagan hoy en día hacen inviable la subida aún mayor del precio de las segundas residencias.








