
Por segundo año consecutivo participará en el Instituto IES de Astrabudua en un programa pionero en integración escolar. Se trata de un proyecto que nació hace cuatro años, que no se limita a la formación académica y que, sobre todo, trata de evitar que los niños sufran situaciones de «exclusión social» en el futuro. «Muchos de los alumnos que estudian aquí son inmigrantes recién llegados que, por diversas circunstancias personales, corren el riesgo de acabar metidos en problemas de drogas, bandas, robos o prostitución. Por eso, trabajar con el modelo establecido no vale para esta realidad. Se necesita otro tipo de formación», explica Jesús Fernández, director del centro.
Laura llegó a España hace tres años. Sus padres vinieron a trabajar en 2001 y, en cuanto tuvieron la oportunidad, trajeron también a su hija. El calor paternal no evitó que sus primeros meses en Vizcaya se le hiciesen muy duros. «Todo era muy distinto. El clima, la escuela, la comida, el idioma...», rememora. Estos problemas de adaptación no tardaron en manifestarse en sus calificaciones escolares y esta adolescente de Medellín terminó repitiendo curso.
El año pasado, sin embargo, Laura se integró en el Proyecto de Intervención Educativa (PIE) de Astrabudua y ahora puede presumir de un expediente sin suspensos. El programa busca ofrecer una educación «adaptada al nivel de los alumnos» con más problemas académicos, pero además se complementa con otras iniciativas que tratan de garantizar una formación «integral» y un trato «personalizado».
Proyecto Bultzatzen
«El programa Bultzatzen, por ejemplo, nació como un método para crear hábitos de estudio por la tarde. Los alumnos vienen al centro, toman la merienda aquí, hacen los deberes y participan en talleres. Pero además, el año pasado también pudimos contar con un proyecto de salud que permitía crear hábitos de desayuno. Todo esto nos permite que los estudiantes estén muy apoyados tanto a nivel académico como social y los resultados son muy buenos», comenta Begoña Muñoz, jefa de estudios del centro.
Laura compartirá aula con otros 64 estudiantes que, distribuidos en dos grupos de primero y segundo de Secundaria, formarán parte de una de las pocas clases de Vizcaya compuesta casi totalmente por inmigrantes, un 90%.
A su lado se sentará Johana Hurtado. Esta joven de 15 años, natural de Cali (Colombia), llegó hace año y medio a España para vivir con su padre. Pero dejó atrás a su madre y no duda en subrayar lo difícil que le resultó la aclimatación. «Antes me sentía discriminada. Lloraba mucho. Extrañaba mucho a mi mamá y suspendía casi todas las asignaturas», explica. Con todo, Johana recalca el apoyo que ha recibido en el instituto. «No todos son igual de buenos. Pero algunos 'profes', como Begoña, te ayudan siempre que pueden. A nosotras nos han ayudado hasta a solucionar peleas», asegura Johana, que el año pasado portó el testigo de la Korrika, mientras acompaña al aula a Brian Steven Gordon, un colombiano de 15 años, que lleva un mes en España y que ayer acudió a su primera lección en el centro de Astrabudua.








