
La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, afirmó que la respuesta del Gobierno frente a los etarras «seguirá siendo la misma: unidad de los demócratas, eficiencia de la acción policial y rigor en la aplicación de la Justicia». La 'número dos' del Ejecutivo subrayó que «no hay fórmulas mágicas, pero entre todos pondremos a los terroristas donde deben estar, entre rejas».
El presidente del PP, Mariano Rajoy, celebró que «ETA no haya tenido acierto» en su última tentativa de atentado y se comprometió a apoyar al Gobierno «para derrotar a ETA, no para negociar. Pero le pido que sea firme de verdad».
El Gobierno vasco también condenó «con rotundidad» el ataque de Logroño, que describió como «la última sinrazón de ETA». Para el Ejecutivo de Juan José Ibarretxe, la colocación de un coche bomba cargado de explosivos demuestra «la falta de toda realidad en la que vive ETA, una rémora del pasado que se niega a desaparecer, como le exige la sociedad vasca». El gabinete autonómico insistió, en un comunicado, en que ETA «no representa a nadie» y es «un obstáculo para que la sociedad vasca decida en paz y libertad su futuro».
Con ese diagnóstico coincidieron el PNV -que mostró su «hastío» por el «discurso anacrónico y vacío» de la banda-, Ezker Batua -pidió a ETA que «se desintegre como las bombas que pone»- y EA, que consideró que los terroristas hacen «oídos sordos» a los deseos de «vivir en paz» de los vascos. El presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, reclamó a ETA su desaparición «cuanto antes sin contrapartidas».






