
Dentro de esos icónicos rituales del parlamentarismo estadounidense, el prestigioso general de cuatro estrellas empezó ayer a rendir cuentas ante una sesión conjunta de los comités de relaciones internacionales y cuestiones militares de la Cámara baja. Todo dentro de un previsto maratón de comparecencias que se prolongará durante toda la semana en Washington dentro del renovado pulso político para introducir una estrategia de salida a la impopular y costosa guerra de Irak.
Para resaltar su independencia, cuestionada abiertamente por algunos demócratas, el general insistió con vehemencia en que él mismo ha escrito su esperado análisis, recalcando que su contenido «ni ha sido aprobado por nadie ni compartido con el Pentágono, la Casa Blanca o el Congreso». De acuerdo al calendario barajado por Petraeus, un contingente de 2.000 soldados de Infantería de Marina podría salir de Irak a finales de este mes. A ello habría que sumar la retirada de una brigada del Ejército de Tierra con unos 4.000 efectivos a mediados de diciembre. Gradualmente, otras cuatro brigadas de combate volverían a casa antes de julio de 2008, lo que dejaría al Pentágono con 130.000 soldados de combate en Irak, el equivalente al número disponible antes de los polémicos refuerzos enviados por la Casa Blanca.
Más allá de julio del próximo año, Petraeus calificó como prematuro especular sobre reducciones adicionales de tropas. Desde enero, el número de brigadas de combate del Pentágono en Irak se ha visto incrementado de 15 a 20, pasando de 130.000 soldados a 168.000. Según el general, una decisión sobre recortes adicionales debería tomarse en marzo.
Con todo, el jefe militar matizó que el progreso obtenido este verano «no es igual» para todo Irak, con un número de víctimas civiles todavía «demasiado alto». Como injerencia nociva, este graduado de West Point destacó que los guardias iraníes de la revolución se dedican a entrenar y respaldar a milicias chiíes en Irak.
Menos violencia
Armado con toda clase de gráficos, Petraeus argumentó que el nivel de violencia en el país árabe se ha visto significativamente reducido durante el verano. Además de conseguirse que las fuerzas de seguridad iraquíes ganen algo de confianza y mayores responsabilidades. Como hizo Bush durante su última visita sorpresa, el general destacó especialmente la pacificación lograda en la provincia de Anbar gracias a la alianza táctica establecida entre las tropas del Pentágono y las tribus locales suníes.
Tras una algarada de activistas pacifistas, las explicaciones de Petraeus se vieron completadas por las de Ryan Crocker, embajador en Bagdad. Según el veterano diplomático especializado en el mundo árabe, los iraquíes están realizando progresos lentos hacia la construcción de instituciones políticas a partir de una sociedad traumatizada por el régimen de Sadam Hussein. Con todo, el diplomático insistió en que «un Irak seguro, estable y en paz con sus vecinos es, a mi juicio, algo alcanzable».
Estos testimonios sobre la realidad en Irak, junto a informe de la Casa Blanca esperado para el 15 de septiembre, fueron requeridos en mayo por el Congreso federal como condición para aprobar otros casi 78.000 millones de euros adicionales para gastos bélicos. El Congreso también estableció 18 objetivos que Bagdad debería cumplir en aras de la reconciliación nacional, de los cuales solamente se habrían satisfecho tres.
Estas dudas fueron reiteradas por miembros demócratas durante la sesión de ayer. Para el diputado Ike Skelton, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara baja, «nadie puede argumentar que el Gobierno de Irak ha logrado grandes avances». E insistió en que los testigos enviados por la Administración Bush «deben decirnos por qué debemos continuar enviado a nuestros jóvenes a luchar y morir si los iraquíes no están dispuestos a realizar los duros sacrificios necesarios para su reconciliación nacional».
Para Tom Lantos, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, a estas alturas los estadounidenses han perdido la confianza en la Administración Bush por sus «políticas miopes en Irak». Según este demócrata de California, «necesitamos salir de Irak por el bien de ese país y el nuestro».
Un sondeo Gallup apuntaba ayer que un 60% de estadounidenses son partidarios de establecer un calendario de retirada.






