Otro de los aspirantes demócratas, el senador Christopher Dodd, intentó sin éxito exhibir su fluidez en la lengua de Cervantes, que aprendió en la República Dominicana. Y Barack Obama presumió de los orígenes de inmigrante que tenía su padre, natural de Kenia, y su cercanía a las minorías por ser afroamericano.
Aun así, fue Hillary Clinton, líder del pelotón que nada tiene que ver con la población hispana, la que más convenció según las encuestas, lo que confirma la teoría de que este sector de población comparten la misma agenda que el resto del país. Paradójicamente, eso no le hizo quedar como la más sincera, título que se llevó el ex senador John Edwards.
Reticencias republicanas
El debate entre demócratas que se celebró el domingo en la Universidad de Miami no tendrá un reflejo entre los republicanos porque sólo uno de sus candidatos ha aceptado el reto de debatir ante los hispanos, el senador de Arizona John McCain. La televisión que lo auspició, Univisión, se ha convertido en la quinta cadena nacional de EE UU, un reflejo de los 44,3 millones de hispanohablantes que se estima viven en el país, equivalentes al 15% de la población total. Sin embargo, sólo 13 millones reúnen las condiciones legales para ser electores, y de ellos apenas 7,6 millones se registran para votar. Pero este sector resulta una importante tajada de cara a las urnas por concentrarse en estados clave: California, Texas, Florida y Nueva York.
Para los republicanos, el compromiso en temas como la inmigración les hubiera enemistado con sus electores, lo que explica que hayan evitado el debate. Bush arrancó un 40% del voto hispano, lo que hizo pensar a su estratega Karl Rove que el partido puede conquistar esa minoría. Pero el fracaso de su reforma migratoria ha dejado al partido en mal lugar de cara a los comicios de 2008.






