Dentro de este privilegiado lugar hay un auditorio con una capacidad para 800 personas que dispone de una puerta de unos 20 metros de embocadura que se abre hacia una gran explanada verde. Esto permite que los que se acercan a disfrutar de un día de sol puedan asistir a los espectáculos que el Mozarteum Brasileiro organiza para los intérpretes que participan en su ciclo.
En este novedoso escenario, la OSE comenzó su concierto con 'Orreaga', de Madina, una obra que sirvió para que la mayoría de la gente se involucrara en la música vasca; un comienzo cálido, entrañable y muy apropiado para la ocasión. Tras ella, llegaron otras composiciones no menos expresivas, tres de las 'Diez melodías vascas', de Guridi; 'Carmen', de Bizet, y varios de los 'Cuadros de una exposición', de Mussorgski, obra que la OSE conoce a la perfección y que interpretó en su gira por Gran Bretaña hace algo más de tres años.
Tampoco faltó en el concierto una selección de dos de las obras que ofrecerá en sus recitales dentro de la programación del Mozarteum Brasileiro, la 'Sinfonía nº 10 en mi menor, op.93' de Shostakovich y la 'Sinfonía nº 6 en si bemol menor, op. 74, Patética', de Tchaikovsky. Sobre esta obra y el 'Concierto para violín, violoncello y orquesta en la menor, op. 102' de Brahms giró su segundo concierto, celebrado ayer en en el Teatro SESC, de Santos, con Lorenz Nasturica y Asier Polo como solistas.






