
-Perteneciendo todos al mismo cuerpo, ¿es distinta la rivalidad?
-Como en cualquier mundial, aunque fuera éramos una piña.
-¿Se notan diferencias entre los bomberos de diferentes países?
-Me sorprendieron los franceses, parecen estar un poco miltarizados: en la presentación fueron con banda, como en un desfile.
-Ha sido campeón de Euskadi de mountain bike dos veces. ¿Se considera más ciclista que bombero?
-Al 50%. La verdad es que quiero agradecer a la gente que me ha ayudado a ser ambas cosas.
-¿No se ha deteriorado mucho la imagen del ciclismo, al menos en el campo profesional?
-Al ciclismo le están pegando muchos palos últimamente, algunos merecidos, otros no. Se exige una competición impoluta cuando la sociedad no lo es. El dopaje puede ser una pequeña ayuda, pero lo importante es la genética.
Hablando de genética, Egiluz no estaba en el calendario que el año pasado deleitó a bilbaínas -y bilbaínos-, ya que no pertenece al cuerpo de la capital vizcaína, sino al de la Diputación.
-¿Le hubiera gustado aparecer en él?
-No sé, soy bastante vergonzoso. Nunca me lo he planteado, el cuerpo de un ciclista no es como para un calendario.
-Pero el de un bombero sí.
-Mmm... sí.
-Con el dinero podría financiarse un viaje a los Alpes, ya que piensa volver el año que viene.
-Prefiero obviarlo. Todo sería cuestión de planteármelo, pero me chocaría bastante.
-¿A quién se llevaría si tuviera un tándem?
-A alguien con quien ir al fin del mundo.
-¿Qué dejará antes, la bici o la manguera?
-Esperemos que las dos a la vez, y dentro de mucho. Llegará el día en que, en vez de un entrenamiento duro, tendré que dar una vueltita, pasar por un bar, comer un pintxo y regresar.






