
-Yo me lo planteo cada año. Ja, ja. No hago planes a muy largo plazo. El nombramiento se renueva anualmente, tanto por parte de la Dirección de Juegos y Espectáculos (del Gobierno vasco) como por mí. Lo prefiero así, porque no me gusta decir: 'Voy a estar tres o cuatro años'. Prefiero ir año a año, y al que viene, ¿pues Dios dirá!
-No se jubila, pero ¿teme que le jubilen?
-Pues no crea. Todos los años...
-Le ponen chinitas.
-Todos los años, antes y durante la feria, corre el rumor de que ésta es mi última temporada.
-Es una leyenda urbana.
-Siempre está ahí. Quizás hay gente que tira la pólvora para ver hasta dónde llega, ¿no? Luego, viene el invierno y en febrero vuelve a correr el rumor de que lo voy a dejar. No sé si es que hay alguien o interesados que...
-¿Le tienen ganas?
-¿No que me tengan ganas! Quizás de querer estar ahí arriba.
-¿Qué tiene ese palco?
-Desde luego, el que tenga ganas se va a enterar de lo que supone estar ahí arriba. Nunca se vive tranquilo. ¿Jamás! Ja, ja.
-¿Es un puesto caliente?
-Tremendamente. ¿Caliente y frío! Se juntan los dos términos.
-¿Disfruta en el palco haciéndose el duro?
-No, no. No trato de estar con una actitud vehemente. Intento aplicar el criterio que creo le corresponde a una plaza de la categoría de Bilbao. Cortar dos orejas y rabo en otros sitios no sirve para mucho. Sin embargo, cortarlas en Bilbao le sirven a cualquiera.
-¿El Cid le pondrá un piso en la Gran Vía?
-Ja, ja. En Madrid, todos los años salen dos o tres toreros a hombros. De acuerdo que es una feria más larga, pero es que en Bilbao cuesta porque se les exige. ¿Qué se gana con esto? ¿El espectáculo!








