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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Política

POLÍTICA
Marejada en el PSE alavés
Destacados 'barones' del partido censuran, en privado, la estrategia de Txarli Prieto en la negociación de los fallidos pactos forales y el escenario que ha dejado
09.09.07 -
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Marejada en el PSE alavés
VITORIA. Txarli Prieto, de pie, junto a los parlamentarios Joana Madrigal y Óscar Rodríguez, el presidente del Senado y, en segundo término, el alcalde de Vitoria. / IOSU ONANDIA
El socialismo alavés -como el vasco- se acostó la noche del 27 al 28 de mayo exultante. Las urnas acababan de dictar el mejor veredicto para el PSE desde la reinstauración de la democracia: primeros en Vitoria, con la Alcaldía al alcance de la mano, y segundos en Álava con 14 junteros (de 51), sólo uno menos que el PP -que ganó los comicios-, y los mismos que el PNV, pero con un puñado más de votos. Era el momento de gestionar tan brillantes resultados.

Cien días después un regusto amargo recorre las filas del PSE alavés. Patxi Lazcoz es, en efecto, el primer alcalde socialista de Vitoria. Eso sí, con el respaldo por ahora de sólo 9 de los 27 concejales que integran la Corporación, la opción más temida. Y el sector más soberanista del PNV -que controla el partido en la provincia- ha recuperado la Diputación tras ocho años de travesía del desierto en los que los destinos del territorio han estado regidos por el popular Ramón Rabanera, gracias al respaldo para su investidura del propio PSE.

Este desenlace -que unido al chasco en Guipúzcoa deja al PSE vasco sin ningún poder foral, de nuevo monopolizado por un PNV en horas bajas y más dividido que nunca desde la escisión- ha levantado ampollas entre algunos de los principales 'barones' del socialismo alavés. Las críticas, todas en privado y que difícilmente se articularán en los órganos de dirección del partido en la provincia, se dirigen hacia la gestión de los resultados realizada por el secretario general del partido en Álava.

Txarli Prieto se encargó personalmente de diseñar la estrategia y mantuvo en solitario durante todo el mes de julio los contactos con los restantes partidos para la formación del nuevo Gobierno foral. El dirigente socialista apostó por un férreo silencio informativo y apenas comunicó nada de la marcha de sus contactos a los cuadros locales de la organización, entre otras cosas para evitar filtraciones, aunque no sólo. Eso sí, durante las semanas previas al pleno de investidura alardeó públicamente de tener los apoyos suficientes para convertirse en el segundo diputado general alavés del PSE -el asesinado Fernando Buesa ya ocupó el cargo al concluir los 80-. Al final, se comprobó que sólo tenía el apoyo del único juntero de EB. La falta de acuerdos con el PP o el PNV -que también pugnaron hasta el final por el sillón foral- llevaron al jeltzale Xabier Agirre a la Diputación con el pírrico, pero suficiente apoyo de su partido (14 votos) y de EA (2), más la abstención de Aralar (1).

Cuestión de formas

Las duras críticas internas a Prieto no obedecen tanto al relativo fracaso que supone no haber logrado la presidencia de la Diputación, sino a sus formas -alardear de tener los apoyos suficientes para ganar, cuando luego se demostró que no era así- y, sobre todo, al hecho de no haber movido ficha a última hora para salvaguardar otros intereses del partido, además de sus aspiraciones al sillón foral. «Como ha dicho el presidente del ABB, es importante sumar pero primero hay que saber contar», sintetiza un veterano cuadro socialista.

Son minoría quienes sostienen que hubiera sido mejor que Prieto permitiera otra vez gobernar, siquiera temporalmente, al PP antes que al PNV. Algo que el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, tampoco deseaba, según sus declaraciones. El gran reproche radica en que el inútil pacto con EB ha dado igualmente la Diputación al PNV y los socialistas se han quedado sólos en el Ayuntamiento, en lugar de haber buscado, como mal menor, «acorazar» a Patxi Lazcoz para toda la legislatura a cambio de apoyar a los jeltzales en Juntas. Eso sin contar la pérdida de la presidencia de la Cámara foral (ahora en manos del PP) y, previsiblemente, del control de la Vital en el plazo de unos meses, con la fusión de las cajas en la agenda política vasca. «Nunca unos resultados tan buenos han tenido un premio tan exiguo», asegura otro responsable socialista.

«Toca discreción»

El próximo jueves, el PSE alavés celebrará un comité provincial -el máximo órgano entre congresos- extraordinario para analizar lo ocurrido y perfilar la estrategia del partido para los próximos meses.

Pese al enorme peso político de quienes sustentan estas y otras críticas, todos coinciden en que previsiblemente se quedarán en privado y no se trasladarán al comité. «Toca discreción. El objetivo ahora es repetir victoria en las elecciones generales. Que Álava apoye también la reelección de José Luis Rodríguez Zapatero», razonan.

Eso sí, ya han empezado, sobre todo en el Ayuntamiento de Vitoria, las negociaciones entre el PSE y el PNV para que tanto el alcalde Lazcoz como el diputado general Agirre dispongan de apoyos para dotar de una cierta estabilidad a la política alavesa, tras la durísima oposición que tuvieron que soportar en los últimos años los populares Alonso y Rabanera de unos partidos unidos en su desgaste. «Es hora de hacer de la necesidad virtud. Hilvanar en peor situación lo que en julio no supimos hacer en mejores condiciones», concluye el mismo cargo socialista.
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