
El caviar son huevas no fecundadas de la hembra del esturión. El que se obtiene en Rusia ilegalmente, que es más del 90%, está empezando a ser confiscado y destruido. Su exportación ha sido suspendida transitoriamente. Estas medidas están poniendo su precio por las nubes, en torno a los 700 euros el kilo o el doble si se trata de la variedad beluga, la más cotizada. Para facilitar su recuperación, las cuotas de pesca de esturión se han reducido drásticamente. Pero la medida más espectacular que el jefe del Kremlin se dispone a promover es que la industria del caviar vuelva a ser monopolio exclusivo del Estado.
Putin estuvo la semana pasada en Ástrajan, a orillas del mar Caspio, para interesarse personalmente por las medidas que se están adoptando para restablecer la esquilmada fauna de esturiones en el río Volga. «Carecemos de mecanismos de control del número de capturas y el volumen de contrabando», se quejaba el primer mandatario ruso. Sus colaboradores han enviado ya al Parlamento un proyecto de ley para poner bajo el control del Estado la pesca, producción y venta de caviar, el principal símbolo gastronómico de Rusia, junto con el vodka. La venta del delicado producto alimenticio en mercados de abastos y puestos callejeros ha sido ya prohibida.
El esturión es uno de los peces más arcaicos que existen. Tiene la cabeza y el cuerpo protegidos por placas óseas, como un caparazón, y un cierto parecido con los tiburones. Aunque el peculiar pez vive en otros ríos y lagos del hemisferio norte, su principal hábitat es el mar Caspio.
Todos los países ribereños (Rusia, Azerbaiyán, Irán, Turkmenistán y Kazajstán) producen caviar. Pero fue la URSS el principal suministrador mundial hasta su desintegración. Como todos los demás sectores, el de la pesca en la época comunista estaba nacionalizado. El vacío que dejó la desaparición del Estado soviético en la industria del caviar fue ocupado por los pescadores furtivos.
Las organizaciones criminales se hicieron después cargo del negocio y la pesca ilegal adquirió proporciones colosales, así como también el contrabando. Todo ello favorecido por el enorme nivel de corrupción reinante. La Policía y Aduanas hacen la vista gorda a cambio de sustanciosos sobornos. La criminalización de la producción de caviar ha conducido, no sólo a que el Estado deje de percibir tributos, sino también a que las capturas se realicen sin freno alguno, pese a las cuotas establecidas hace tiempo.
Métodos agresivos
Los agresivos métodos de pesca empleados por los furtivos están acabando con los esturiones. La premura para no ser descubiertos impide a los ilegales hacer la necesaria selección de los peces atrapados en la red, que debería hacerse soltando a las crías y esturiones machos. El caviar se obtiene sólo de la hembra, cuando en primavera se dispone a desovar río arriba. Las insalubres condiciones de almacenamiento de las huevas constituyen además un potencial peligro para el consumidor.
El viceprimer ministro, Serguéi Ivanov, uno de los posibles candidatos a suceder a Putin, reconocía en Ástrajan que «los ilegales cuentan con más medios y mejores embarcaciones que la Policía en su labor de vigilancia». Por su parte, Nadezhda Mereshko, subdirectora de la Inspección Pesquera rusa, defiende la destrucción del caviar confiscado a los furtivos, medida ordenada por el Gobierno el pasado 1 de agosto, porque «se desconocen las condiciones de almacenamiento y qué aditivos han sido empleados para su conservación».






