
El obispo de San Sebastián dijo que a la Iglesia le corresponde "anunciar incansablemente ante una sociedad tentada de pesimismo, que la paz y la reconciliación son posibles", así como "seguir requiriendo todos los derechos humanos y, muy particularmente, el derecho a la vida, a la seguridad, a la integridad y a la dignidad de las personas". Uriarte manifestó que "en una sociedad en la que las consideraciones oportunistas desplazan con frecuencia a los criterios éticos, tenemos el deber de recordar, aunque duela, que una paz lograda al margen de la ética es una falsa paz".
Asimismo, indicó que "suscitar mediante la educación actitudes pacíficas, pacificadoras y dialogantes es otro servicio que no queremos ni podemos sustraer a nuestro pueblo". En ese sentido, Uriarte dijo que "realizar gestos y acciones pacificadores y favorecer en los creyentes la oración individual y comunitaria por la paz es un deber" que la Iglesia cumplirá "diligentemente".
"Grandeza de ánimo"
El obispo de San Sebastián aseguró que "este pueblo espera de todos nosotros la grandeza de ánimo y la altura de miras para anteponer el bien superior de la paz a los intereses de partido y a las rivalidades mutuas" y, en ese sentido, advirtió de que, "poco podremos avanzar si la confianza y la lealtad recíprocas no son procuradas con empeño".
Uriarte subrayó que "un pueblo que quiere la paz no puede confiarse en una actitud preocupada, pero simplemente pasiva" y remarcó que "ni siquiera otros problemas que afectan a nuestro diario vivir nos dispensan de preocuparnos activamente por la paz". "Aliviar el múltiple sufrimiento provocado en tantos ciudadanos por esta inhumana confrontación, clamar públicamente por la paz y reprobar categóricamente la vuelta de ETA a las armas son algunas de las tareas que no debemos declinar. La pasividad y el silencio no son dignos de ciudadanos responsables ni de creyentes coherentes con su fe", aseveró.






