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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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Amigas en la cumbre
Edurne Pasaban, la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner y la italiana Nives Meroi pugnan sin rivalidad por convertirse en la primera mujer en ascender los 14 'ochomiles'
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Amigas en la cumbre
COMPAÑERISMO. Edurne Pasaban y Gerlinde Kaltenbrunner se abrazan en la cumbre del Broad Peak. / FOTOS: COLECCIÓN EDURNE PASABAN
El pasado 12 de julio, con el mundo a sus pies, dos mujeres se abrazaban a 8.051 metros de altitud, en la cumbre del Broad Peak. Compartían así uno de los momentos más intensos que cualquier ser humano pueda vivir: hollar la cima de un 'ochomil'. Aunque para ellas, Edurne Pasaban y Gerlinde Kaltenbrunner, la sensación no era nueva. Las dos acumulan, entre cumbres principales y secundarias, 21 montañas de más de ocho mil metros.

Sin embargo, en esos momentos los números quedan relegados a un segundo plano. Allá arriba, con el límpido cielo azul de la estratosfera al alcance de sus manos y el escaso y gélido oxígeno de la 'zona de la muerte' alimentando a duras penas unos corazones a mil por hora, lo que priman son las emociones. La alegría compartida por un objetivo cumplido tras semanas de trabajo y meses de entrenamiento. Lo que menos cuenta es que la chica con la que compartes sonrisas y lágrimas congeladas de emoción a ocho mil metros tenga el mismo objetivo vital que tú: convertirse en la primera mujer en hollar los 14 'ochomiles' de la tierra. Y que la 'pelea' esté más que apretada.

Pero es que la ilusión de estas dos jóvenes, comprometida desde hacía tiempo, era ascender juntas a un 'ochomil', y el pasado julio lo pudieron cumplir en el Broad Peak. Sólo tendrán una oportunidad más para hacerlo: el Dhaulagiri. El resto de montañas que a cada una le queda para completar 'Los Catorce' la otra ya las ha subido. Y, desde luego, si en la 'Montaña Blanca' el abrazo en la cumbre se reproduce, las emociones volverán a aflorar con intensidad para ambas.

No en vano, Gerlinde salió viva de milagro la pasada primavera de una avalancha que mató a los españoles Ricardo Valencia y Santiago Sagaste en el campo II. Su tienda estaba junto a la del navarro y el aragonés, pero no quedó tan sepultada y pudo escarbar hasta el exterior. A Edurne también le trae recuerdos amargos. Ha intentado ascenderlo ya en dos ocasiones (1998 y 2001) y en la segunda de ellas vio cómo el aragonés Pepe Garcés se precipitaba al vacío cerca de la cumbre.

Pero Gerlinde y Edurne no están solas en esta carrera hacia los catorce techos del planeta. La italiana Nives Meroi se ha sumado a ellas con un esprint en los últimos años digno de la mejor velocista. Tanto que, sin más 'ochomiles' ascendidos desde 1999, en 2003 volvió al empeño con tanta fuerza que en el espacio de 20 días holló tres: Gasherbrum I y II y Broad Peak, una marca sólo superada por superdotados como Loretan y Ruedi (15 días) y Jean Sonennwyl (17 días), en 1983. Y desde entonces ha sumado cuatro más. Los dos últimos especialmente significativos: nada menos que el Everest y el K-2.

Aunque Edurne y Gerlinde la conocen, su relación con ella no es tan estrecha. Quizá se deba al salto generacional que las separa, ya que Nives es diez años mayor. O que cuenta con un compañero de cordada inseparable, su marido Romano Benet, con el que escala desde siempre y ha hollado todas sus cumbres. Y, como las otras dos, ella niega también toda carrera, toda rivalidad en pos de los Catorce. «Yo escalo porque es lo que más me gusta hacer. No voy a negar que me gustaría completar los 'ochomiles', pero no me preocupa cuándo lo lograré. Prefiero fijarme más en el cómo que en el qué». Y sus últimas ascensiones lo corroboran, todas ellas logradas en expediciones ligeras, sin porteadores de apoyo o directamente en estilo alpino. Y por supuesto sin oxígeno. Una filosofía a la que también está adscrita Gerlinde.

¿Quién será la primera?

Llegado a este punto, la pregunta parece inevitable: ¿Cuál de ellas tiene más opciones de terminar primera? Es difícil decirlo. Muchos ven a la austriaca más capacitada técnicamente. Pero hay numerosos factores -demasiados- en juego, empezando por la suerte, fundamental para sobrevivir en el mundo del 'ochomilismo', como para aventurar un nombre. La dificultad técnica y el riesgo de las montañas que les faltan a las tres tampoco ayuda a aclarar las cosas.

A todas les quedan dos huesos duros de roer: Edurne y Nives tienen que enfrentarse todavía nada menos que al Kangchenjunga y el Annapurna. El primero es el segundo 'ochomil' con menos ascensiones (209), de ellas sólo dos femeninas (la inglesa Ginette Harrison, en 1998, y Gerlinde); y el segundo, el menos ascendido (152) y más peligroso de todos. Y si no, que se lo pregunten a Edurne, que en mayo pasado decidió darse la vuelta a 7.500 metros de altitud al sentir, rodeada de amenazantes seracs y con continuas avalanchas cayendo a su alrededor, «eso tan humano pero que salva tantas vidas: el miedo», según confesó en su web nada más bajar.

Gerlinde no lo tiene más fácil. En su mochila están ya el 'Kanchen' y el Annapurna, pero le faltan los dos colosos: Everest y y K2. Y no por intentarlo. En el 'Techo del Mundo' estuvo el año pasado con su marido Ralf e Hirotaka Kateuchi -¿por el corredor Hornbein y en estilo alpino!- pero se tuvieron que dar la vuelta cuando el japonés, compañero habitual de la pareja, sufrió un edema. Y de la 'Montaña de las Montañas' se ha bajado hace apenas unos días por culpa del mal tiempo tras un intento relámpago en estilo alpino por la Ruta de los Vascos (espolón SSE) aprovechando la aclimatación lograda en el cercano Broad Peak.

Así que está claro que ninguna lo tiene fácil. Y, pese a ello, ganas no les faltan. Aunque la 'carrera' no está declarada como tal, el ritmo de todas es frenético. Edurne parte mañana hacia el Shisha, su tercera expedición este año. Mientras, Nives está ya camino del Makalu. La única que descansará este otoño es Gerlinde. Pero tiene sus motivos. En diciembre intentará una invernal al Makalu. Ya lo subió en 2001, pero es uno de los dos 'ochomiles' que le falta a su marido. Quizá la mejor muestra de que, efectivamente, la 'carrera' no le obsesiona.

Y en 2008, más. Como el Dhaulagiri en primavera para Edurne, seguramente en compañía de Kaltenbrunner, mientras la italiana deshoja la margarita entre el Kangchenjunga y el Annapurna. Y habrá más expediciones, sin duda. Pero eluden concretar planes a más largo plazo. Ningún 'ochomilista' que aprecie su vida lo hace... Es la filosofía de las montañas: ir paso a paso. Su antídoto contra la fatalidad.
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