
Después de al menos dos días de peligrosa travesía por el Atlántico, hacinados y presos del frío y el miedo, los jóvenes magrebíes hallaron la muerte cuando podían acariciar la costa con sus dedos. Según narró el sargento Juan Ortega Machín, jefe de los submarinistas de la Guardia Civil que recuperaron los cadáveres, los inmigrantes creyeron haber alcanzado tierra firme poco antes de las seis de la mañana al encallar en una roca de basalto próxima al litoral. Tocaron con la proa y pensaron que el sufrimiento había terminado. Saltaron por la borda con la expectativa de pisar suelo español, pero se encontraron aún en el mar, en una balsa de agua de dos metros de profundidad. El sueño europeo se convirtió en pesadilla.
Era una profundidad suficiente, según Machín, para que unos hombres cegados por la oscuridad, «exhaustos, entumecidos y cargados de ropa» perdieran la vida ahogados, sin importar si sabían nadar ni el estado de la mar, tranquilo como «una auténtica piscina», relató el suboficial. «Cayeron como piedras, sin posibilidad de defensa», agregó.
Dos de los magrebíes lucharon contra su cansancio hasta ser recuperados por los agentes del instituto armado, que habían sido alertados por los vecinos de las casas más cercanas al lugar del naufragio al escuchar los gritos de auxilio. Una vez rescatados, fueron atendidos posteriormente de hipotermia e hipoglucemia en hospitales de la isla.
Otros seis pudieron alcanzar tierra firme por sus propios medios. Fueron detectados poco después, cuando deambulaban por las poblaciones próximas a la playa del Risco Verde, en la localidad de Agüimes, donde ocurrió la tragedia. Varios de ellos precisaron también atención médica, al presentar cuadros de insolación y deshidratación leve, mientras que a otro de los desembarcados se le detectó un proceso infeccioso.
Las labores de rescate de los cadáveres de los diez fallecidos resultó «sencillísima», en palabras del sargento del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil. «Estaban todos juntos. Unos cuerpos flotaban en el mar y otros estaban en el fondo», detalló.
«Nada igual»
El alcalde de Agüimes, Antonio Morales, se personó con urgencia en el lugar de la tragedia y dijo sentirse «orgulloso» de la reacción de los vecinos del municipio, que colaboraron en la medida de sus posibilidades en el rescate de los inmigrantes que aún permanecían con vida. «Habíamos recibido pateras y cayucos, pero nunca habíamos visto una cosa igual», se lamentó el regidor. «Es terrible ver que esta zona, un tranquilo lugar que utilizan los ciudadanos para pasear y hacer deporte, se convierta una noche en un lugar lleno de cadáveres».
La nueva tragedia humanitaria que azota la costa canaria volvió a motivar un reguero de reacciones desde diferentes ámbitos políticos y sociales. Todos los partidos canarios lamentaron la muerte de los ocupantes de la patera, de la que el PSOE culpó a «las mafias» mientras Coalición Canaria reclamó una «actitud más contundente» de la UE. Sos Racismo, por su parte, aludió a la «indiferencia» de la sociedad y los políticos ante estos fenómenos.









