
Este esperpento, ocurrido en el barrio del Océano de Rabat, explica bien cómo se vivieron ayer las elecciones legislativas en Marruecos. La desesperanza, la pasividad, la desgana, el hartazgo y la desconfianza se alzaron frente a las urnas. Los ciudadanos han repetido durante la campaña que están hartos de los políticos y de la corrupción que divide al país en élites y parias.
El último dato oficial de participación antes del cierre de esta edición era del 36%, según las cifras de Interior, que calculó que al final se alcanzaría el 41%, once puntos menos que en 2002.
En otro colegio de la medina de Salé, ciudad vecina de Rabat, el presidente de una mesa contaba con los ojos dentro de la urna transparente: cinco votos en más de una hora. «Es viernes y la gente vendrá a votar después de ir a la mezquita a rezar», justificaba. A las 9.30 de la mañana las cinco mesas electorales del colegio Skaih Lamrini, también en Salé, estaban vacías.
La atención se centraba allí en los medios de comunicación que esperaban la llegada a ese centro del líder del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), la formación islamista que, si no ocurre nada raro, ganará de calle las elecciones, aunque hasta bien avanzado el domingo no habrá resultados oficiales.
Espoleado por la nutrida presencia de cámaras, el líder islamista Saadeddine Othamani avanzó acompañado por su mujer, Halima, que iba con la cabeza cubierta por el 'jiyab'. Un aura de estrella amable rodeaba a Othmani, que esperó con parsimonia a que todos le retrataran para dejar caer su papeleta por la ranura de metacrilato.
A continuación, el líder islamista metió presión a Mohamed VI con sus declaraciones al corro de periodistas. «El rey mantendrá su palabra y elegirá al primer ministro que salga de las urnas», a diferencia del jefe del Gobierno saliente, Dris Yetú, un tecnócrata que no fue candidato en 2002. Ahora, si se cumplen todas las previsiones, los que salgan vencedores de las urnas serán ellos mismos, el PJD.
Sin mayoría uniforme
Los 33 partidos y 13 listas independientes que han concurrido en 95 circunscripciones y la nueva ley electoral impedirán que haya una mayoría uniforme en el Parlamento, que representa a 30 millones de marroquíes, de los que 15,5 millones han tenido derecho a voto. Se prevé que los 325 asientos de la Cámara de Representantes (Cámara baja) sigan siendo un auténtico arco iris casi sin competencias donde, si acaso, los islamistas podrían obtener el treinta por ciento, lo que obligará a negociar alianzas.
El PJD ha sido el principal grupo de la oposición durante la legislatura de la que se ha ido con 42 escaños a pesar de que en 2002 sólo se presentó en la mitad de las circunscripciones. Othmani estima que ahora pueden alcanzar los 70.
La coalición gubernamental ha estado dominada por la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) con 50 escaños y los nacionalistas del Partido Istiqlal (PI) con 48. La sombra de la derrota sobrevuela sobre estas dos fuerzas consideradas históricas.
La prensa marroquí llamaba ayer a los ciudadanos a las urnas, en un intento desesperado por hacer frente a la marea islamista. «Votemos», titulaba diario independiente 'L'Economiste'. Algunos periódicos de partido, como 'Al Itihad al Ichtiraki', parecían como si dieran ya por perdidos los comicios y no buscaran otra cosa que frenar al PJD. «Cortemos el camino a los adeptos a la sombra y la decepción», se podía leer en el órgano en árabe de los socialistas.






