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Cultura

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Mi querido Pavarotti
08.09.07 -
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En el año 1989, en una 'Bohème' que iba a tener lugar en el teatro Arriaga (dirigía el teatro entonces Luis Iturri), los aficionados sentimos una decepción cuando se anunció que Luciano Pavarotti no venía. En su lugar cantó Luis Lima en el papel de 'Rodolfo'. Lo hizo bien, pero no era lo mismo.

Luego apareció en Bilbao (anteriormente lo había hecho con la ABAO, cuando Luciano era más joven y lo aguantaba todo) en San Mamés, en el centenario del Athletic. Alguien cerca de mí comentó que Pavarotti ya no era el mismo, que estaba acabado. Mi comentario fue en voz alta: «Ya me gustaría escuchar todos los días a un tenor acabado como Pavarotti».

Era una figura portentosa, una fuerza de la naturaleza. ¿Se han dado cuenta que daba la impresión de llegar a notas musicales imposibles para la mayoría de los humanos aparentemente sin esfuerzo? Cuando le diagnosticaron el cáncer de pancreas, le y nos dieron la puntilla. Era cuestión de meses, quizá de un año. Y así ha sido.

Afortunadamente nos queda su imagen sonriente, simpática, cantando 'Nessun dorma', 'Che gelida manina', 'La Aurora' o 'Oh sole mio'. Porque Pavarotti no fue un rancio sibarita que interpretaba un exiguo y escogido repertorio. Popularizó la ópera y cantó, generalmente por buenas causas, otro tipo de melodías con intérpretes diversos.

Ahora vendrán las discusiones de si era mejor que Caruso, que Beniamino Gigli, que Giuseppe Di Stefano, que Del Monaco, que Bergonzi o Corelli, que Plácido Domingo o Aragall. Bendita discusión que nos permite, gracias a la tecnología, escuchar a casi todos ellos. Luciano era de los más grandes: gracias por los momentos de felicidad que nos dio y nos va a seguir dando tu voz, tu humanidad y tu recuerdo.
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