Y los índices en cuanto a la mala salud se pueden extraer también de todos los lugares del planeta, se vista sari, chilaba, taparrabos o tejanos. Y si hablamos de la indumentaria, tampoco es ajena a diversos achaques. Se habla y polemiza sobre el burka, el velo que segrega, humilla, condena a las mujeres de determinada cultura y quebranta sus derechos más elementales. Pero están veladas las consecuencias que el velo provoca en su salud. La medicina ha probado que la mujeres tapadas, enveladas con un sudario de por vida, respiran una gran cantidad de CO2, lo que entraña problemas pulmonares y predisposición al asma.
Por la condensación sufren igualmente de la vista. Son numerosas las que, tras largo tiempo a un velo pegadas, acaban enfermas. Un estudio científico publicado por una médico que reside en Suecia concluye que la ausencia de exposición del cuerpo al sol en las mujeres enteramente cubiertas, aquellas que ven el mundo entre rejas de ganchillo, desde el agujero de un estambre, arrastran una ausencia de vitamina D que aumenta el riesgo de osteoporosis. La falta de igualdad, la ausencia de libertad, la desnudez, paradojicamente arropada total, de la sumisión, es siempre insana.








