El intercambio de convocatorias y prohibiciones arrancó a media mañana, cuando el movimiento pro amnistía anunció que ante la inicial negativa del Departamento de Interior a autorizar la marcha, el familiar de un recluso etarra iba a formalizar una nueva solicitud para que el Gobierno vasco reconsiderara su postura y tolerara la manifestación por el centro de la capital donostiarra.
Poco después, la consejería que dirige Javier Balza decidió mantener la prohibición, al entender que se trataba de «una mera continuación» del acto inicialmente prohibido. Finalmente, y a la vista de la determinación del Ejecutivo autónomo, los convocantes optaron por mantener «con firmeza» la marcha, prevista para las 13.30 horas bajo el lema 'Autodeterminación y amnistía'.
La izquierda radical entiende que la «grave situación» de los reclusos de la banda terrorista exige la movilización. Por ello, la representante del movimiento pro amnistía, Oihana Agirre, pidió al lehendakari y al consejero de Interior que «dejen a los manifestantes reivindicarse», como «se viene haciendo desde hace más de 30 años», y «no manden a su policía», como en las últimas movilizaciones, «causando decenas de heridos». «Venden un plan para la supuesta convivencia, pero su verdadero plan pasa por apoyar la encrucijada contra la izquierda abertzale dirigida desde Madrid», dijo. El martes, tras la primera prohibición, el portavoz de Askatasuna, Juan Mari Olano, advirtió a Ibarretxe de que «tendrá que elegir entre una protesta pacífica o un combate».
Al sindicato ELA, la decisión de Interior le disgustó. Según su ejecutiva, supone «una conculcación de libertades y derechos impropia de un Estado de Derecho». La central aprovechó para denunciar la «gravísima e inaceptable» situación de los presos, «en especial la de quienes por enfermedad deberían haber sido puestos ya en libertad, así como la de aquellos cuyas condenas se dilatan injusta y arbitrariamente».






