
Trichet insistió en que no se han modificado las condiciones económicas básicas que le condujeron a insinuar en agosto que los tipos de interés subirían un cuarto de punto, hasta el 4,25%, en su reunión de ayer. Pero las turbulencias recientes en los mercados le han llevado a 'congelar' ese incremento hasta medir el alcance de una crisis cuyo impacto en la economía real todavía se desconoce. El colapso de las hipotecas de alto riesgo norteamericanas ha sembrado la desconfianza entre los inversores, hasta el punto de que los bancos se resisten a prestarse dinero unos a otros. Como consecuencia de estos recelos, se ha encarecido y dificultado el acceso a la financiación. Prueba de ello es que el euríbor a doce meses, la principal referencia de las hipotecas, se disparó el miércoles hasta el 4,8% en su cotización diaria, un máximo desde el año 2000, aunque ayer cedió posiciones y quedó en el 4,78%.
«La volatilidad de los mercados financieros y la nueva apreciación de los riesgos en las semanas recientes han dado lugar a un aumento de la incertidumbre», reconoció el presidente del BCE. Debido a esta inestabilidad, el banquero considera necesario recabar información adicional y examinar los nuevos datos antes de sacar conclusiones de política monetaria». Es decir, que aplaza un eventual incremento de los tipos de interés hasta verificar que se supera la crisis. Un aumento del precio del dinero en las condiciones actuales podría rematar a las bolsas, que ya están temblando, y agravar la desaceleración de las economía. La zona euro creció un 2,5% en el segundo trimestre, seis décimas menos que el anterior.
Nueva inyección
La volatilidad de los mercados financieros había quedado de manifiesto poco antes de la reunión del consejo de gobierno, cuando el BCE anunció una nueva inyección en el mercado financiero de 42.245 millones de euros, una medida que refleja que la crisis hipotecaria de EE UU sigue causando turbulencias en Europa.
Trichet insistió en que los datos económicos son positivos y auguran un «crecimiento sostenido». A su juicio, la atención del BCE debe seguir centrada en los riesgos inflacionistas debido, entre otras razones, a posibles subidas en el petróleo y los productos agrícolas. Con esta advertencia evidenció que no descarta subir los tipos una vez cesen las turbulencias financieras, aunque en vez de «fuerte vigilancia» de la inflación utilizó la frase «vigilancia cercana». «El consejo de gobierno actuará de formas firme y adecuada en el tiempo, asegurándonos de que los riesgos para la estabilidad de precios no se materialicen», señaló.
Por el momento, el BCE ha recortado una décima su previsión de crecimiento para la zona euro en el año hasta una banda situada entre el 2,2% y el 2,8%, aunque mantiene la de 2008 en una horquilla de entre el 1,8% y el 2,8%. Con respecto a la inflación, vaticina que cerrará el ejercicio entre el 1,9% y el 2,1%, una décima por encima de su anterior evaluación.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) confirmó ayer que revisará a la baja su estimación de expansión mundial.






