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CICLISMO
Cuando el 'vampiro' perdió la puntería
Los controladores de la UCI buscan en sus hogares a corredores que están en competición, en un funeral e incluso a ex ciclistas
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Cuando el 'vampiro' perdió la puntería
PERSEGUIDO. Valverde.
Cárcel virtual. Ciencia ficción. Hace tiempo que las novelas fantásticas inventaron los 'microchips' insertables en la nuca de los presos siderales. Siempre localizados en la pantalla central de la oficina de control de la prisión galáctica. También están los collares explosivos. Si el fugitivo cruzaba el umbral, le reventaba la cabeza. Cosas de la imaginación. O no.

Al ciclismo ha llegado un versión más artesanal. Amanuense. Como aún no se puede clavar un emisor de señal en el cuero cabelludo de los deportistas, la Unión Ciclista Internacional (UCI) les obliga desde hace dos años y medio a rellenar un cuestionario íntimo. En ese papel deben adelantar dónde estarán cada mañana y cada tarde de cada día. El test se renueva cada tres meses. Hasta ahora afectaba a los 50 primeros clasificados del UCI Pro Tour y a los abonados de la 'lista negra'. Los sospechosos de dopaje. En 2008, la medida será de uso general.

Vida programada. Los ciclistas no tendrán dudas: al levantarse de la cama ya sabrán lo que van a hacer. Lo que pone en el cuestionario. Si no, si se presenta un comisario de la UCI y no les encuentra donde espera, recibirán una tarjeta amarilla. Y a la tercera, roja. Como si fuera un caso positivo. Les explotará su carrera deportiva. «Esa medida está denunciada en un juzgado de Almería. Lo hizo Carlos Golbano, que se negó a pasar por ese aro. El juicio fue en mayo y estamos esperando la resolución», explica 'Pipe' Gómez, voz del sindicato de corredores. Mientras el tribunal decide, todos deben escribir su diario. Biografía cuadriculada.

El control lleva a veces al esperpento. El último le ha tocado a Alejandro Valverde. El murciano, muy vigilado por la UCI, rellenó el cuestionario que abarcaba los tres meses de primavera: marzo, abril y junio. Es un formulario bien parcelado. 'Hotel 1', es el lugar donde duerme el equipo. 'Hotel 2', para los viajes privados. También hay 'residencia 1' y residencia 2'. Hay que deletrear el itinerario vital casi hora por hora. Y por supuesto, los lugares de entrenamiento y el calendario de competición. A Valverde, en junio le tocaba el Dauphiné Libéré. Pero no lo acabó. Enfermo. Entonces decidió variar su lista de carreras y acudió al Gran Premio Eindhoven (Holanda). Lo notificó a la UCI vía 'fax'. Pero el organismo no se dio por enterado. Y envió un comisario, un 'vampiro', al domicilio del corredor murciano. No estaba, claro. Es más, ese día Valverde se había sometido a un análisis antidopaje en Eindhoven. La UCI, al no hallarle en Murcia, le amonestó. Luego, ante las evidencias, rectificó.

«¿Donde está Óscar»

Todo lo que toca a Valverde adquiere resonancia. Como le sucedió a Rasmussen en el Tour. Por no estar presente en dos controles inopinados previos al Tour, acabó siendo expulsado por su equipo, el Rabobank, cuando el maillot amarillo ya era suyo. Hay muchos casos más. Personales. Dolorosos. Se habla de un corredor que, tras abandonar una carrera por el fallecimiento de un familiar muy cercano, se topó con los controladores en mitad del funeral. O de otro ciclista al que su padre llamó alarmado. «Te está buscando alguien por todo el pueblo». Por los bares, las tiendas. Como si husmease el rastro de un delicuente. El deportista, indignado, localizó luego al 'vampiro'. Le dijo que ya bastaba, que ya había enviado a la UCI el número de su teléfono móvil, el de casa, la dirección de correo electrónico... Para qué entonces generar alarma en el barrio. Esa tarde, simplemente, estaba dando un paseo.

La lucha antidopaje cae a veces en el ridículo. La esposa de Pereiro se encontró a los 'vampiros' a la puerta de casa justo cuando su marido estaba ya en Londres para el inicio del Tour. «¿Dónde está Óscar?». «No está. Ha ido a Londres». Sorpresa. «¿A qué?». Respuesta: «Al Tour. Tiene que pasar allí los controles correspondientes». Y de esa vigilancia, de ese 'gran hermano', no se libra nadie. Ni los que ya no están. En Vizcaya, al menos dos ex ciclistas han tenido esa visita. ¿Dónde están? Donde les da la gana. Ahora ya pueden: ya no son ciclistas.
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