Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Cultura

CULTURA
La voz que enamoró a las masas
Pavarotti cautivó primero al público de los teatros y después se volcó en popularizar la lírica entre quienes nunca han escuchado una ópera completa
07.09.07 -
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
La voz que enamoró a las masas
Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti saludando al público tras un concierto de 'Los tres tenores' en el estadio de los Gigantes en Nueva Jersey.
A los 35 años, Pavarotti empezaba a despuntar en el mundo de la lírica. Tras unos comienzos vacilantes, había debutado en varios teatros de renombre pero aún no había grabado un disco. Las compañías más prestigiosas ya tenían en nómina a los mejores tenores y no parecían interesadas por él. Entonces, la soprano australiana Joan Sutherland, que le había conseguido más de un contrato, presionó a su sello discográfico para que le diera una oportunidad. Oportunidad bien modesta: lo que le ofrecieron fue grabar un disco sencillo con un par de arias. Las ventas fueron mínimas; tan reducidas, que el responsable de prensa del sello decidió, a la desesperada, recurrir a un golpe de efecto: convocó a un grupo de periodistas al ensayo de 'La fille du régiment' en el Metropolitan y allí Pavarotti dio, sin aparente esfuerzo, nueve 'do' de pecho. Nunca se había visto algo semejante. Al día siguiente, salió en la portada del 'New York Times' y se convirtió en una estrella. Más aún, en una leyenda.

La carrera de Luciano Pavarotti está determinada por la belleza inigualable de su voz, su capacidad para las notas altas y su facilidad para transmitir sentimientos y comunicar con un público que lo adoraba. En cambio, adquirió la técnica tarde y al margen de los grandes centros musicales. Tanto es así que cabe preguntarse qué habría sido de él si no llega a coincidir con la soprano Joan Sutherland, una de las divas del momento. A la australiana, que además de sus dotes musicales destacaba por su elevada estatura, le encantó la voz de Pavarotti, y le gustó que fuera más alto que ella. Por fin un tenor con el que hago buena pareja, debió de pensar.

Antes de empezar a exigir en los contratos que fuera su compañero de reparto, la soprano se dedicó a pulir la técnica de Pavarotti. Descubrió, por ejemplo, que tenía problemas para respirar y emitir la voz. Richard Bonynge, el director de orquesta que estaba casado con Sutherland, contó alguna vez que con frecuencia sorprendió a su esposa en el camerino cantando mientras el tenor ponía su mano sobre el estómago de ella para comprobar cómo expulsaba el aire.

Fueron lecciones bien aprovechadas, porque desde comienzos de los setenta su carrera cobró un impulso extraordinario. Una carrera centrada en el repertorio del más puro 'belcantismo': de Bellini a Verdi, de Donizetti a Puccini. Justo las óperas en las que mejor se apreciaba la calidez de su voz. Eso le alejaba de numerosos títulos básicos en la programación de muchos teatros, pero nunca le importó. Lo fundamental era su voz, su capacidad de decir, basada más en la intuición que en la técnica, como hacía su admirado Caruso, el otro gran tenor del siglo XX.

Su época dorada se extiende desde mediados de los setenta a finales de los ochenta. Sus interpretaciones de los papeles protagonistas en 'La bohème', 'Lucia de Lammermoor', 'I Puritani', 'Norma', 'Pagliacci', 'Un ballo in maschera', 'L'elisir d'amore'..., todas ellas llevadas al disco, son extraordinarias. En los ochenta comenzó también a labrarse una justa fama de imprevisible. Nadie cancelaba tanto como él: en parte porque cantaba mucho y empezaba a estar agotado; en parte también, porque su agente le obligaba a extraños cambios de programa, obsesionado por agigantar la fama y la fortuna de su representado.

El fenómeno 'tres tenores'

Fue un agente quien tuvo la idea de reunir a Pavarotti junto a Plácido Domingo, en ese momento su único gran rival, y José Carreras, que acababa de superar una grave enfermedad. Cantaron juntos durante el Mundial de Fútbol de Italia, en 1990: un concierto que al principio nadie quería grabar en disco y que batió todos los récords de la música clásica. Ese día, Pavarotti se convenció de que había que llevar la ópera al gran público.

A partir de entonces, fueron creciendo sus compromisos para grandes recitales en escenarios insospechados y retrocediendo su presencia en los teatros. Su voz, además, empezaba a acusar el desgaste en numerosas ocasiones. Una merma que compensaba con creces a base de simpatía y glamour. Y cuando le llegaron las críticas por ello y por algunos problemas personales (con Hacienda, con su esposa), las acalló con su presencia en todo tipo de conciertos benéficos y en campañas internacionales a favor de los desheredados de la Tierra.

Durante una década larga, el tenor ha organizado cada año en Módena un concierto al que invitaba a las principales figuras del pop, con la intención de recaudar fondos destinados a alguna causa relacionada en general con la infancia. Por allí pasaron Elton John, Liza Minnelli, Enrique Iglesias, Celine Dion, Mariah Carey, Zucchero, Gloria Stefan, las Spice Girls... Nadie se negaba a acudir a la cita para cantar alguno de sus mejores temas junto al más grande de los tenores, que a su vez interpretaba un par de arias y alguna napolitana.

Se ha dicho que detrás de esa pretensión de sacar la ópera de los teatros había una enorme operación comercial. Cada vez que 'Los tres tenores', juntos o por separado, anunciaban su presencia en algún gran escenario se movían cifras millonarias. Pero tras ese hecho incontestable hay otro: que muchos miles de esos espectadores han conocido gracias sobre todo al tenor de Módena algunas de las obras más hermosas de la historia de la música.
Vocento
SarenetRSS