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Cultura

CULTURA
A la calle
07.09.07 -
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También tenía Caruso un sentido mercantil de su arte, cosa que no disgustó a los puristas tanto como el exceso rentable de esa industria llamada Pavarotti S.A. Pero eran otros tiempos, claro, con mucha menos repercusión popular, mediática y tecnológica. Además, Pavarotti ha sido la condición vocal, la técnica y la voz inconfundible, pero también la pasión, la personalidad arrolladora y la imagen popular de humanidad desbordante.

Estaba la suprema calidad vocal, por supuesto, con el tono y la coloratura, con ese toque de 'squillo' que distinguía sus notas agudas, con ese fraseado que floreaba las vocales y disparaba las consonantes, con esa potencia que convertía en trueno el drama representado y hasta con esa elegancia surgida de la mejor tradición del bel canto.

Pero junto a tan grande patrimonio lírico, Pavarotti tenía igualmente la inteligencia y el instinto para convertir sus limitaciones físicas en activos interpretativos, sus carencias de formación en magistrales improvisaciones y las dificultades vocales para algunos papeles en valientes apuestas saldadas con éxito.

Con todo ello, y sobre todo con su popularidad y su humanidad conmovedora, Pavarotti no sólo fue el gran tenor lírico de los últimos cincuenta años, sino también un fenómeno cultural de masas que llevó la ópera a la calle; es decir, al terreno más alejado de los puristas, de los elitistas.
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