
Los precios pueden variar según las comodidades del centro, pero la media está en 10 euros por noche en el hotel, calefacción incluida.
El animal debe tener la cartilla sanitaria al día, estar correctamente identificado y llevar su microchip para poder alojarse en estos centros. Si cumple estos requisitos, cada mascota dispondrá de una 'habitación' individual en la que dormirá todas las noches y de un plan de actividades diario que lo mantendrá activo: primero paseo, después comida, un poco más tarde juegos en el césped, otra comida y descanso.
Aunque cuando salen al jardín «todo es de todos», los cuidadores hacen un seguimiento personalizado de cada animal para que su estancia sea lo más cómoda posible. Sobre todo cuando es su primera vez. «Si un perro supera las primeras horas en el complejo, todo va rodado. Se acostumbra a nuestra rutina y aprende a compartir su espacio con el resto de perros», explica Nuria, gerente de Txakur Bai.
Para asegurarse de que todo transcurre sin incidentes dentro del recinto, hay centros que disponen incluso de cámaras web: «Los clientes se quedan tranquilos sabiendo que hay cámaras y ellos mismos pueden ver lo que hace su mascota», confirma Maria Altuna, directora de Cuatro Patas, en Urduliz.
Además de parques, algunos centros incluyen piscina o hilo musical. Con estos servicios no es extraño que haya perros a los que les cueste volver a su apartamento de 80 metros cuadrados sin terraza y pasar noches enteras encerrados en la cocina.










