El sistema fiscal vasco tiene varios problemas; y alguno de ellos, de cierta entidad. Unos son internos y varios nos enfrentan con los vecinos de aquí al lado y con las instancias superiores en Bruselas. Pero hasta ahora no existían conflictos a la hora de aplicar los impuestos de forma armonizada entre los tres territorios. Bueno, pues ya ha venido alguien para incrementar la lista y añadir la diferencia. Es lo que tiene la proliferación de los ámbitos de decisión: que, según se subdividen en espacios más reducidos, se multiplican las fricciones y se abultan las discrepancias.
El PNV asegura que carece de margen para arreglar el desaguisado. Como reconocimiento público de impotencia es muy bueno; como excusa, débil; y como solución, completamente inútil. ¿Carecer de margen equivale a permanecer impávido? Pues estamos buenos... Por lo menos, alguien del Gobierno debería hablar y proponer la abolición de las leyes que han quedado atropelladas. Nunca hasta ahora habíamos necesitado acudir a lo previsto en la LTH y en la Ley de Armonización en esta materia. Si, para una vez que vienen al caso sus mandatos y necesitamos sus previsiones, resulta que nadie se ocupa ni siquiera de intentarlo, pues es mejor que las borren. Algún otro dirigente ha querido compensar el entuerto actual con la promesa futura de un impuesto radicalmente nuevo. Llega tarde. Eso lo propuso Vizcaya hace meses y entonces nadie le escuchó.






