
Sin embargo, una visita de cortesía efectuada por Luca di Montezemolo a Maranello en el invierno de 1991 cambiaría el curso de la historia de la F-1 al observar desde su coche cómo decenas de Ferrari sin vender se agolpaban en una campa a las afueras del pueblo, semiocultos bajo la nieve. La decadencia de la marca era patente y una vez Montezemolo asumió las riendas de la empresa hizo suyo el objetivo de situar al mejor piloto en el mejor equipo -quién sabe si en estos momentos esta idea no ocupará de nuevo sus pensamientos- y no cesó en su empeño hasta ver a Michael Schumacher proclamarse campeón del mundo en 2000 al volante de un Ferrari, dejando atrás largas jornadas de ensayos en el circuito de Fiorano y millones de euros de inversión. Unos meses más tarde, al inicio de la temporada 2001, Ferrari tuvo la genial idea de invitar a la presentación de su nuevo monoplaza, ¿el primero con el número 1 en el morro en 22 años!, a un centenar de seguidores que asistirían en Fiorano a la puesta de largo del nuevo coche. Así es como, gracias a la fortuna y en compañía de un buen amigo, quien esto suscribe tuvo la ocasión de conocer Maranello. Aquella fría mañana de enero la plana mayor de la 'Scuderia' posaba orgullosa ante su nueva creación. En su discurso Montezemolo ya avisaba a sus competidores de que se avecinaba una nueva etapa exitosa para el 'cavallino rampante'. A pesar de lo emocionante del evento, el objetivo último de nuestro viaje no era otro que fotografiarnos junto a 'Schummi', nuestro ídolo, a pesar de la dificultad que entrañaba la empresa. Sin éxito alguno y a punto de arrojar la toalla reservamos mesa en Montana, trattoria donde Rossella, la 'Mamma', prepara la mejor pasta de la zona. Y cuál sería nuestra sorpresa cuando, cercanos al postre, aparecieron ante nosotros Todt y Brawn, imprescindibles en la trayectoria de Schumacher, quien entraba tras ellos. No dudamos en hacer partícipe a Rossella de nuestra emoción y nuestro interés por fotografiarnos con el alemán y, gracias a su ascendencia sobre el campeón, cuando una vez terminada la cena éste se despedía de ella con un par de besos pudimos cruzar unas palabras mientras Rossella plasmaba la solemnidad del momento. A su marcha no pudimos por menos que agradecer a la 'Mamma' su ayuda con una sobremesa interminable.
Con el paso del tiempo hubo más encuentros con el 'kaiser', siempre acompañado de su inseparable Sabine Klein, eficaz asistente personal que aún hoy organiza su agenda pública. Pero ninguno tan enriquecedor como el vivido en Montmeló en 2005. Siendo aquel un 'annus horribilis' para el teutón, recuerdo perfectamente verle caminar en solitario por el 'paddock', algo inaudito, y cómo al acercarme junto a mis hijos él derrochó simpatía y amabilidad. Recuerdo cómo les habló de su hijo Mick, de edad similar, y con qué paciencia les firmó toda la parafernalia que portaban para despedirse con un apretón de manos. Reconozco que aquella mañana de mayo en Montmeló descubrí un nuevo Schumacher, mucho más humano, lejos del estereotipo de piloto engreído pero aún dotado del áurea que envuelve a los mitos.
Por eso celebro la concesión de este premio para quien entre sus compañeros se labró fama de trabajador constante, el primero en llegar al circuito y el último en macharse los fríos días de entrenamientos invernales. Sus victorias fueron siempre dedicadas al equipo y como ejemplo de sus fracasos aquella retirada el año pasado en Suzuka cuando perdió definitivamente el título, aquel abrazo que al volver a boxes fue dando, uno por uno, a todos sus mecánicos en el más absoluto silencio, a modo de despedida y como agradecimiento sincero a su lealtad.
Michael Schumacher ha visto reconocida su trayectoria deportiva con la concesión del Príncipe de Asturias al año de su sorprendente retirada. ¿Le imaginan al volante del F2007? ¿Cómo estaría hoy el campeonato? Nunca es tarde para premiar los méritos de quien lo merece. Por eso hay que confiar en que, cuando dentro de un tiempo el jurado vuelva nuevamente sus ojos al mundo del motor, reconozca lo mucho que nuestro Ángel Nieto ha dado al motociclismo con sus 12+1 títulos mundiales. Todo llegará.







