
La cifra, no obstante, varía en función del negocio. Y es que, dicen, nunca llueve a gusto de todos. En lo que a los hosteleros se refiere, hay que distinguir entre aquellos que no contaban con una terraza -su trabajo se desarrollaba exclusivamente en el interior de un establecimiento-, y los que se arriesgaron a colocar un velador. Este último, en condiciones normales, es mucho más atractivo para el paseante pero supone a su vez el pago de un alquiler elevado -suele rondar entre los 2.500 y los 6.000 euros, en función del tamaño-. Los que descartaron su instalación «no se han visto perjudicados ni tampoco han mejorado. Simplemente han mantenido el tipo», expresó el presidente de la Asociación de Hosteleros de Bizkaia, Ángel Gago. El hecho de tener clientela dentro no siempre se traduce en un mayor número de consumiciones.
La otra cara de la moneda la reflejaron los que se decantaron por la opción de la terraza. Los locales con actividades programadas en la calle registraron, según reveló Gago, «entre un 20 y un 50%» menos de caja.
Los feriantes, que ocuparon el parque de Etxebarria durante casi tres semanas, tampoco fueron ajenos a la tormenta. Los datos que barajaban tras la quema de Marijaia lo decían todo. «Alrededor de un 40% de pérdidas», expresó entonces el secretario general de la Asociación de Feriantes de Euskadi, Alberto Domínguez. Una semana después y con la totalidad de las atracciones ya desmontadas, los resultados no han experimentado demasiados cambios.
Libre mercado
Esperaban buen tiempo para aumentar como fuese los beneficios, aunque sabían que, «en gran parte, eran irrecuperables». El arranque de la semana prometía. «El lunes hubo bastante gente, pero el martes y el miércoles -este último volvió a llover- las cosas cambiaron y pasamos de baja ocupación a casi nada», desgrana Domínguez. El tirón no llegó hasta el domingo, cuando el parque recuperó la imagen propia de un día festivo. Además de ser el último día de la feria, era la única jornada con precios populares. Durante el resto, las entradas oscilaron entre los 2,50 y los 4 euros, frente a 1,60 que costarán en las fiestas de Galdakao, donde no se les cobra la ocupación del terreno.
El goteo de gente que se acercó hasta Etxebarria la pasada semana consiguió frenar en «dos puntos» la caída en cuenta final de resultados. De esta forma, algunas barracas registraron «pérdidas del 27%, mientras que otras alcanzaron el 45%». Las más perjudicadas fueron las grandes atracciones como la montaña rusa, el canguro, el dragón o el 'booster', así como las destinadas al público infantil. «Cuando llueve los padres no se animan a salir con los niños», consideró Alberto Domínguez.
El secretario general de la Asociación de Feriantes de Euskadi destacó el «esfuerzo descomunal» que realizó el Ayuntamiento tanto a la hora de instalar las atracciones como en reubicar las casetas de los barraqueros, debido a la falta de espacio a raíz de las obras en la avenida Zumalacárregui. «Pero una cosa son los servicios y otra el tema económico», apuntó.
Domínguez recordó que de los tres días populares han tenido que pasar a uno. «Incluso habíamos pensado no poner ninguno, pero lo sometimos a votación y al final optamos por el domingo», reveló. Además, debido a las cinco incesantes jornadas de lluvia que acompañaron a la Aste Nagusia y respaldados por el libre mercado, que les permite fijar las tarifas que quieran, los barraqueros barajaron subir entre 0,50 y 1 euro el precio de las entradas en los días en los que el tiempo acompañó y compensar así las pérdidas. La medida quedó finalmente descartada.








