
El presidente galo aprovechó la apertura oficial del curso en el país vecino para perfilar las líneas maestras de su programa educativo. Aunque no concretó las medidas que tiene previsto adoptar, su gabinete trabaja para acometer reformas de fondo en la enseñanza primaria, media y universitaria. Con el fin de apaciguar las críticas que ya han vertido sindicatos y profesores, Sarkozy se lanzó a leer personalmente la carta que recibirán todos los docentes. La misiva está dividida en cinco grandes capítulos: las misiones de la escuela, sus valores, los oficios de maestro y profesor, los nuevos programas educativos y el puesto de la cultura general en la formación.
A juicio de Sarkozy, la misión capital de la escuela es la formación de ciudadanos libres y responsables, liberándolos de la irresponsabilidad del relativismo moral. Lejos ya de los acentos épicos de la campaña electoral, el presidente evitó la polémica sobre la decadencia de la escuela pública francesa para intentar entablar un diálogo sobre el futuro del modelo escolar. Eso sí, el líder conservador se mostró dispuesto a hacer «tabla rasa» para que los nuevos planes educativos puedan plantar cara a la «fragilidad» de la cohesión social. «Desde hace décadas, la educación se ha enfrentado a una masa creciente con exigencias contradictorias», censuró el presidente galo.
El valor esencial de la escuela pública francesa debe ser, a juicio de Sarkozy, «la transmisión de los valores de la identidad nacional». «Nuestros hijos no serán jamás ciudadanos del mundo si no somos capaces de hacerlos antes ciudadanos franceses y europeos». Evitando inútiles debates, el líder galo reinstaló la identidad nacional francesa en el corazón de su proyecto de «refundación de la escuela».
En torno a los oficios del maestro y profesor, donde pudieran plantearse diferencias con los sindicatos de la enseñanza, Sarkozy no deseó entrar en detalles concretos prematuramente. Lo esencial, a su modo de ver, es devolver a unos y otros la confianza y el respeto: más seguridad dentro y fuera de los colegios; más respeto de alumnos y profesores; más trabajo y mejor remuneración con nuevos organigramas, horarios y métodos de trabajo. «No se educa a un niño dejándole creer que todo está permitido, que tiene todos los derechos y ningún deber. Es preciso enseñarle la jerarquía de los valores», proclamó antes de elogiar el aprendizaje «de memoria» como método tradicional para ejercitar la mente.
Materias básicas
La cultura general, el último capítulo de la carta del presidente, también debe estar en el corazón del nuevo proyecto educativo nacional. En su opinión, es necesaria menos especialización prematura y más sólida formación cultural básica. Más lengua, literatura y arte para quienes vayan a seguir estudios técnicos y científicos. Y más ciencia y tecnología para quienes proyecten seguir estudios literarios o artísticos. «Nuestros estudiantes necesitan al mismo tiempo más humanismo y más ciencia», estimó.
La carta a los maestros y profesores tiene un triple objetivo: presentar a los profesionales el marco conceptual de las reformas por venir, intentar forjar los cimientos de un posible diálogo y poner a la opinión pública por testigo de su proceso de «refundación». Un programa, que según distintas interpretaciones, intenta romper con la herencia pedagógica de Mayo del 68.






