El comentario, que se titula 'Protohistoria' me dejó un poco turulato y bastante encogido, porque me di cuenta de que llegar a centenario no pasa de ser una deleznable y archi-insignificante partícula de tiempo en la historia de este planeta que nos ha tocado vivir y habitar.
El libro hace una enumeración de las diferentes fases de la historia del planeta Tierra, desde el principio hasta la época actual y, para que el pobre cerebro de los lectores pueda captar en toda su magnitud cada fase de esa historia telúrica, hace un curioso ejercicio mental, imaginando que el origen de la Tierra se sitúa en un día 1 de enero. Sigamos.
Haciendo un cálculo con la historia real y traspasándola a ese año imaginario, si el origen de la Tierra comenzó el 1 de enero la era primaria de nuestro planeta no comenzaría hasta el día 1 de septiembre. Los primeros peces que aparecieron en la era silúrica (estoy copiando el párrafo, no se pierdan detalle) surgirían a finales de octubre y los mamíferos del periodo jurásico, a finales de noviembre.
Pero vayamos a la cuestión que más nos interesa. ¿En qué fechas se presentó al fin el hombre sobre la Tierra? Según este cálculo, el primer homínido (el australopiteco) nacería el 31 de diciembre a las 9 de la noche y por fin el 'homo sapiens' que somos nosotros aparecería el 31 de diciembre a las 11.30 de la noche. Y el original cálculo termina con este párrafo: «Es decir, que llevamos -el género humano lleva- unos 30 minutos de existencia en este imaginario año de la creación».
Y nosotros, admirando con la boca abierta a una señora que ha vivido 111 años y que en ese imaginario año de la creación no aparecería ni como insignificante, invisible e impalpable mota de polvo cósmico.








