
Muchas localidades afrontaron por sorpresa una tarde dominical más agitada de lo habitual debido a las intensas caravanas. Fue el caso de Torrelavega. Las autoridades policiales bloquearon por seguridad las autopistas y desviaron toda la circulación por el casco urbano de la segunda ciudad cántabra, que se mostró incapaz de absorber el tráfico y quedó pronto colapsada. Las calles de la localidad se llenaron de coches incapaces de avanzar a más velocidad que los peatones.
Los conductores afrontaron con resignación su suerte tras conocer el motivo de los desvíos, aunque el malestar era general entre los implicados. «Esto es indignante... una vez más», se quejaba Pedro López, quien regresaba a Bilbao tras unos días de vacaciones en Galicia. Más nervioso se mostraba el murciano Ernesto Ripoll, «asustado» aún tras más de dos horas retenido. «Al menos todo esto es por nuestra seguridad», se consolaba a sí misma la vallisoletana Elena Fernández. Y es que la incidencia afectó a ciudadanos de muy diversas procedencias.
La jornada vespertina no fue mucho más relaja en las inmediaciones de la localidad riojana de Fuenmayor, donde estalló el único artefacto. El aviso de bomba por parte de ETA, no en vano, obligó a cortar tres kilómetros de la autopista AP-68 y otros dos de la N-232. En las dos vías, y en ambos sentidos, se podía palpar la desesperación de quienes ya regresaban cabizbajos de sus vacaciones para volver hoy al trabajo. «Y encima tener que soportar esto», era la queja a la que más recurrían los atascados.
Efectivos policiales tomaron los montes cercanos durante un despliegue que reclutó a todos los agentes disponibles en La Rioja y que alarmó sobremanera a quienes transitaban en ese momento por la zona. Sobre todo por la «incertidumbre» ante la ausencia de información por parte de las autoridades. «Sólo nos hemos topado con un guardia civil que nos ha saludado antes de obligarnos a abandonar la carretera sin darnos explicaciones», lamentaba un joven vizcaíno, retenido en un vial alternativo hacia Logroño.
Con el traje de luces
El autobús entre la capital riojana y Miranda de Ebro, con 33 pasajeros a bordo, también se vio afectado por el repentino corte de la general en este punto. Al igual que una cuadrilla de diestros que, ataviados ya con el traje de luces, intentaban convencer a las autoridades para poder proseguir su rumbo y llegar a Cenicero, donde tenían previsto torear. Sus argumentos no fueron convincentes y se vieron obligados a tomar un ramal secundario para poder llegar hasta el coso, aunque cumplieron finalmente con su cometido e iniciaron la corrida con sólo diez minutos de retraso.
La influencia de la amenaza etarra también se dejó sentir en las cercanías de Burgos, otro de los puntos negros que fijó en su aviso el comunicante anónimo de la banda. La autopista quedó cortada por precaución en el peaje hacia Vitoria y allí se tuvo que bajar del coche temporalmente Juanjo Pérez, un ermuarra que regresaba de trabajar en Sevilla. Tuvo suerte, ya que llegó al enclave crítico poco después de que se acordonara y pudo tomar el desvío por la N-120 sin padecer la caravana que se fue ocasionando. «Lo malo es que por carretera tardaré dos horas más en llegar»», manifestó sensiblemente contrariado.
En Guipúzcoa la alarma apenas afectó a la circulación. La Ertzaintza si cerró al tráfico la autopista AP-1, pero el volumen de vehículos era tan escaso a primera hora de la tarde en ese punto que no ocasionó retenciones en las vías secundarias.






