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TOMADO DESDE MAYO POR ISLAMISTAS PALESTINOS
El Ejército libanés controla Nahr al-Bared tras meses de batalla y casi 300 muertos
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El Ejército libanés controla Nahr al-Bared tras meses de batalla y casi 300 muertos
El cohete impacta contra Nahr al-Bared antes de que la infantería libanesa inicie el asalto definitivo. / EFE
Tres meses y medio de combates encarnizados y casi trescientos muertos después, el Ejército de Líbano consiguió hacerse ayer con el control del campo de refugiados palestino de Nahr al-Bared. Fue una última y encarnizada batalla contra los extremistas de Fatah al-Islam atrincherados en su interior desde mayo, que se saldó con una treintena de milicianos y cinco soldados muertos a tiros más la captura de una quincena de rebeldes, entre los que podría encontrarse el jefe del grupo yihadista, Shaker al-Absi.

La guerra se reanudaba con toda la violencia de la infantería y del fuego los maltrechos helicópteros libaneses a primera hora de la madrugada de ayer, cuando el asalto por parte de los yihadistas a dos puestos militares daba la voz de alarma sobre el inicio de una operación de huida masiva de los insurrectos, que trataban de abandonar el campo con la ayuda de un comando externo compuesto por seis hombres.

La enésima tormenta de artillería sobre Nahr al-Bared se combinó durante la mañana con el despliegue de un dispositivo de búsqueda a la caza de los primeros rebeldes que consiguieron darse a la fuga, que incluyó desde el cierre de las carreteras que conducen a Siria hasta la difusión entre la población de órdenes que exigían denunciar la presencia de cualquier extraño cuyo perfil pudiera coincidir con el de los extremistas huidos.

A las cuatro de la tarde fuentes militares proclamaban la victoria: «La batalla ha terminado, el Ejército libanés ha tomado las últimas posiciones de Fatah al- Islam en el campamento. Muchos de los terroristas han muerto y otros han sido capturados. Unos pocos han escapados, pero -añadía un alto mando- estamos persiguiéndoles».

El anuncio del fin de esta crisis que arrancaba el 20 de mayo, y que ha dejado tras de sí más soldados muertos -158 en total- que todos los que perecieron en la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá, se traducía en las calles de todo el país del cedro en una explosión de júbilo en señal de reconocimiento a un Ejército masacrado que, víctima de sus carencias armamentísticas y de instrucción, a punto estuvo de sucumbir ante la abrumadora maestría guerrillera de apenas 250 yihadistas que juraron resistir hasta la muerte.

A la salida del campo de refugiados, los soldados que regresaban del último combate haciendo la señal de victoria con los dedos, eran recibidos con flores, arroz y disparos al aire por miles de ciudadanos que colapsaron todos los accesos a Nahr al-Bared y la vecina Trípoli.

Alabanzas a las tropas

La confirmación oficial del triunfo se convertía en palabras del primer ministro, Fuad Siniora, en una reafirmación de la legitimidad de su Gobierno y de las Fuerzas Armadas tan discutidas por la oposición de Hezbolá, a las que se refirió como la única institución -dijo- «que protege y garantiza la seguridad de los ciudadanos y del país».

«Ésta es la mayor victoria nacional contra los terroristas. El Ejército es el que ha vencido a la disgregación y al caos», proclamó Siniora en un discurso televisado de más de tres horas, que aprovechó para hacer un nuevo llamamiento a sus adversarios políticos y a toda la población a permanecer unidos «en el camino del acuerdo para salir de la crisis actual» que sufre Líbano.

Ahora, la detección de posibles células durmientes de Fatah al- Islam en otros campos de refugiados libaneses, especial mención al de Ain Helui, y, sobre todo, el miedo a que los 40.000 vecinos que fueron evacuados de Nahr al- Bared traten a toda costa de regresar a sus casas antes del desminado de la zona son las dos preocupaciones máximas que atenazan a las autoridades de Beirut.

El Ejército y los líderes palestinos se dirigían ayer a los desplazados, que en su mayoría han permanecido hacinados en el vecino campamento de Badawi, para advertirles de que no intenten «bajo ningún concepto» volver a sus hogares hasta que el terreno se haya limpiado completamente de los restos de explosivos que podrían haber quedado perdidos entre los escombros y los artefactos-trampa que fueron diseminados por los yihadistas en su lucha contra los soldados.
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