
Según 'News of the World', dominical del sensacionalista 'The Sun', Camila, de 60 años, mantiene la «inflexible» opinión de que «fue mal aconsejada por sus asesores, que insistieron hasta el pasado domingo en que acudiera a la ceremonia».
Su «humillante retirada» en el último momento ha acarreado otras consecuencias a la duquesa de Cornualles, además del varapalo a su orgullo. Si hay que creer al rotativo británico, Camila protagonizó una «feroz pelea» con su marido, el príncipe Carlos, quien era uno de los partidarios de que su segunda mujer asistiese al oficio religioso en memoria de su anterior esposa.
«Camila simplemente fue a buscar a Carlos y le manifestó lo que pensaba. Pero ella sigue diciéndose a sí misma que la venganza es un plato que se sirve frío», asegura a 'News of the World' una fuente próxima al entorno de palacio, cuya identidad no ha sido revelada.
Camila había sido invitada por los príncipes Guillermo y Enrique al homenaje a Diana y había aceptado asistir, pero, tras el revuelo organizado y, al parecer por consejo de la propia reina, se vio obligada a dar marcha atrás.
Algunos observadores británicos se preguntan cómo no se previó antes la controversia que iba a originar la asistencia de Camila a semejante acto y por qué se esperó a solucionarlo cuando faltaban sólo cinco días para el aniversario.
El viernes, mientras el resto de la familia real recordaba a quien había calificado a Camila como «la tercera persona» en su matrimonio, la duquesa de Cornualles era «consolada» por su ex marido, Andrew Parker Bowles. Con quien, curiosamente, se había casado en la misma capilla en la que se celebró el homenaje a Diana, revela el 'Sunday Express'.
Ahora la duquesa de Cornualles viajará, sin Carlos, al sur de Francia para pasar una semana en un yate de lujo en compañía de su hija, Laura, y de dos amigas, añade el dominical británico.






