El BCE reconoce que un elevado porcentaje de estos recursos 'externos' está contribuyendo a un gran esfuerzo inversor, que ha acelerado la convergencia con la UE. Pero también advierte de los riesgos que para competir en precios y servicios conlleva esta inyección de dinero. A su juicio, el incremento de los costes nacionales está llevando a la economía española a recurrir más allá de lo deseable a la financiación exterior.
La institución que preside Jean Claude Trichet justifica su alarma en que la escalada del déficit ha ido en paralelo a la de los costes laborales unitarios. Entre 1998 y 2006 se han elevado ocho putos respecto a la media de la zona euro, lo que supone un fuerte deterioro de la competitividad. Sólo Grecia (11%) y Portugal (10%) registran incrementos mayores.
El peso del 'ladrillo'
La balanza de pagos de la Eurozona se ha mantenido en un nivel próximo a cero desde la etapa final del lanzamiento del euro en 1999, recuerda el BCE. España y Grecia se desvían de forma notable de ese equilibrio. Portugal se les ha sumado en los últimos años, mientras Holanda, Alemania, Luxemburgo y Finlandia pueden presumir de un holgado superávit. En el caso de España, el pronunciado deterioro desde 1998 ha estado asociado fundamentalmente a la inversión en el sector privado, y en particular en la construcción. Los técnicos del Banco Central Europeo recuerdan que la participación del 'ladrillo' en su PIB es la más elevada, después de la de Irlanda.
A su juicio, detrás de los abultados déficits por cuenta corriente hay problemas a resolver, como la falta de flexibilidad de los precios y salarios. El BCE subraya que ya no pueden aplicarse políticas monetarias -tipos de interés- y cambiarias -tipos de cambio- nacionales en la zona euro. Sin el recurso a la modificación del precio oficial del dinero ni a una eventual devaluación para corregir ese problema, recomienda una liberalización de los mercados.






