
-¿Con qué expectativas va a la Mostra?
-Con ilusión, porque sus métodos selectivos son muy rigurosos. Lo de competir es anecdótico y no hay que sacralizar estos juegos azarosos.
-Tiene rivales muy potentes, el octogenario Eric Rohmer, Brian de Palma, Ken Loach, Peter Greenaway...
- Me gustaría mucho que Rohmer se llevara un premio. Es un cineasta muy importante para mí porque cada nueva película es una revelación. Es el director vivo que me merece mayor confianza.
Lectura de los silencios
-La imagen de un mujer en un tranvía fue la inspiración de 'En la ciudad de Sylvia'.
-Lo que nos pasa a los directores es anecdótico. Ser un reclamo me horroriza. El director debería desaparecer para no enturbiar la relación sagrada entre el espectador y la pantalla. Además, todos los hombres, e imagino que las mujeres también, hemos tenido esa imagen efímera de alguien en la calle o en un tranvía y hemos pensado que hemos perdido todo un destino posible.
-La sinopsis de la película no puede ser más escueta. «Un chico en una ciudad mira a una chica. Después, mira a otra y a otra...».
-Cada vez tengo menos confianza en las historias. Me parece que el cine ya ha repetido tantas veces las mismas historias que se cae en clichés y estereotipos. Y pienso que son los detalles los que vienen a sacarnos de ese callejón sin salida. He reducido el argumento a lo mínimo para dar mayor significado a los gestos y al rostro del ser humano, que es el mayor misterio que hay. No creo que sea mi propuesta más atípica. Hay muchas lecturas en esas miradas y esos silencios.
-¿Cómo fue su relación con Pilar López de Ayala y Xavier Lafitte?
-Muy divertida. El cine es una labor muy solitaria hasta que entablas un diálogo con los actores y éstos te aportan cosas. Como soy su primer espectador, quiero que me sorprendan, por eso dejo un margen al azar para que aparezca lo inesperado. A Xavier me costó encontrarlo, di con él, con su imagen de soñador decimonónico, dos semanas antes de empezar a rodar. A Pilar la conocí en San Sebastián y quise captar esos ojillos y preservar su misterio natural. Aquí se ve más a la Pilar mujer que a la actriz.
-Este filme es todo lo contrario al anterior, 'En construcción'.
-Sí. Mi anterior película era una metáfora social, la transformación de una ciudad. Es muy importante no asentarse en un formato. Un amigo dice que mis filmes impares son cerrados y silenciosos, mientras que los pares son sociales y abiertos. A los que me descubrieron en 'En construcción' les resultará desconcertante mi nueva propuesta. Espero que no sea para mal.
-¿Qué lectura hace de que las películas españolas más vistas del año sean 'Café solo o con ellas' y 'El equipo Ja'.
-Lo que me preocupa es que no existe una alternativa. Toco madera para seguir haciendo lo que deseo. Mi cine está muy vinculado al deseo: hacer películas no es una profesión, es una forma de vida, de amor.
-¿Por qué ha tardado seis años en volver a mirar la cámara?
-Desde fuera puede parecer que es más fácil levantar un proyecto cuando al anterior le fue bien, pero no es así. He filmado 'En la ciudad...' en cinco semanas y, entre otras cosas, se localizó en Estrasburgo por la aportación económica de la región de la Alsacia.






