
EN CIFRAS
El resto obedece a la quema de contenedores «prácticamente a diario por las fiestas», fuegos de matorrales originados por la imprudencia, abastecimiento de agua en municipios que reciben avalanchas de turistas y se quedan 'secos', aperturas de puertas de domicilios particulares por olvidos de llaves y vigilancia en los espectáculos de fuegos artificiales. En menor medida, los bomberos atienden en verano incendios en edificios o empresas o accidentes de tráfico, algo habitual el resto del año.
«La gente está fuera de casa, de vacaciones, y las fábricas cerradas. En esta época una llamada por un fuego en una cocina de una casa es algo excepcional y también un tráfico porque, salvo en las operaciones salida, la carretera está vacía», señala José Antonio Uriarte, jefe de la sección de Prevención de los Bomberos forales, que atienden todo el territorio excepto Bilbao, que cuenta con cuerpo propio. Pero no por ello tienen menos trabajo en estas fechas. De hecho, hacen más salidas que en cualquier otro mes del año. En lo que va de 2007 la media de intervenciones mensuales ronda las 468 -unas quince cada día-, pero sólo en julio atendieron 527 llamadas -17 diarias-. «Hay más intervenciones, pero de menor trascendencia. Suelen ser fuegos pequeños y actuaciones rápidas».
En el País Vasco la amenaza de los incendios forestales, que atacan con especial virulencia otros puntos del país durante la campaña estival, no hace saltar las alarmas. «El monte está verde. Cuando llegue el otoño y esté todo más seco el peligro será mayor. Además, las superficies quemadas suelen ser pequeñas porque todos los sitios tienen buenos accesos y se puede llevar el camión a pie de fuego». Los datos avalan la argumentación de Uriarte. De hecho, apenas el 4% de los incendios forestales que se registran en Vizcaya arrasan más de una hectárea. «Es habitual oír que en Cataluña se han quemado 150 hectáreas. La razón es que allí hay montes a los que no se puede llegar y hay que dejar que el fuego avance. Esperar a las llamas para apagarlas. Eso aquí no pasa», explica.
Ante la inexistencia de grandes fuegos, José Antonio Uriarte llama la atención sobre esas otras actuaciones menores, especialmente sobre las salidas motivadas por las abejas. «Ha habido un 'baby boom'», explica gráficamente el responsable foral, quien se confiesa «perplejo» con la cantidad de llamadas que reciben a diario para retirar panales.
Anecdotario
«Se colocan en las casas, en las tuberías, en los tabiques, en los portales... Hay panales por todas partes». La explicación: «el invierno benigno que hemos tenido este año ha provocado un aumento considerable del número de abejas». Cuando finalice el verano y las temperaturas bajen las colmenas desaparecerán y también los incendios de matorral. Pero a estas actuaciones sucederán otras, por mucho que los bomberos hagan hincapié en la prevención. «Nuestra primera misión es evitar que los camiones salgan del parque».
Con todo, el anecdotario de los bomberos podría rellenar un grueso volumen. Casos curiosos que sorprenden incluso a estos profesionales, acostumbrados ya a casi todo. Uno sucedió en junio, cuando una llamada les alertaba de un incendio en la vivienda. Lo que ardía era un árbol de Navidad. «¿En pleno verano!», se sorprende Uriarte. «La familia había dejado montada la instalación eléctrica del árbol con los cables aplastados hasta nuevo uso, y en lugar de enchufar el televisor enchufaron el árbol y se originó un pequeño fuego en la casa».








