
-¿Cuánto tiempo lleva buscando un amarre?
-Siete años, desde que compré el barco. Pero es imposible porque el puerto está completamente lleno y ni siquiera hay una lista de espera en la que poder apuntarse.
-¿Cómo consiguió este punto de fondeo?
-Tengo suerte de que un amigo me permitió fondear en su boya. Pero tengo claro que estoy en una situación totalmente precaria y que, si me lo pide, cualquier día me tendré que marchar, y entonces a ver cómo encuentro otro sitio para fondear. No hay nada reglamentado.
-¿Entonces, cómo se adjudican las plazas?
-Aquí prima la ley del más fuerte. No hay ningún tipo de control sobre los amarres, nadie que se encargue de organizar medianamente esto. Uno llega con su barco, echa el muerto, coloca el cabo y la boya, y el sitio ya es suyo, independientemente de las mareas y de las dimensiones del barco. En Plentzia se ha hecho esto desde siempre. Lo que ocurre es que, hace cuarenta o cincuenta años, uno podía fondear donde quisiera porque no había casi barcos y no molestaba a nadie. Pero, ahora, las cosas son muy distintas. Cada año veo 10 ó 12 barcos nuevos y la ría ya no da más de sí.
-En su día se habló de un proyecto para construir pantalanes que permitiesen disponer de más amarres.
-Aquel proyecto apostaba por dragar una parte de la ría para construir muelles para unos 600 barcos. Ese plan desvirtuaba completamente lo que es la ría, lo que es Plentzia, porque cambiaba el paisaje por completo. Yo creo que, por ahora, es más razonable ordenar este desbarajuste: se podrían colocar dos cadenas desde el puerto hasta el puente del metro para preparar fondeos como es debido. Después, ordenar los barcos por calado y, si hace falta, hacer un sorteo. Dentro de unos años no habrá más remedio que construir un pantalán, pero por ahora disponemos de un puerto natural buenísimo.
-¿Y por qué no se ordena?
-Es evidente. No hay nadie que quiera asumir la gestión de esto, incluido yo. Es muy complicado conjugar todos los intereses y se opta por dejarlo como está, con los problemas que acarrea.
-¿Están frenando el desarrollo de la náutica deportiva los problemas para conseguir un amarre?
-Hay mucha gente que no se anima a comprar un barco porque no tiene un sitio donde dejarlo. Después de navegar un par de veces, a un amigo le entró el gusanillo de la navegación. Quería comprarse un barco y, cuando ya lo tenía elegido, listo para comprar, surgió un problema: no tenía sitio para amarrarlo. Así estuvo durante meses.








