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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Política

POLÍTICA
El muro de Ondarroa
La política parte en dos al municipio vizcaíno, mientras se acentúan las presiones de la izquierda abertzale a los miembros de la gestora que trata de gobernar el Ayuntamiento
02.09.07 -
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El muro de Ondarroa
CON PROTECCIÓN. Ariztondo y el alcalde Félix Aranbarri abandonan el Ayuntamiento tras celebrar el primer pleno de la gestora. / IGNACIO PÉREZ
«Yo te cuento cosas, pero no pongas mi nombre. Si me vas a citar, te hago otras declaraciones. Si los de la izquierda abertzale saben que te lo he contado yo, me queman». Hablar de la situación política de Ondarroa es complicado un mes después de que una gestora asumiera el gobierno municipal. Cuesta obtener una declaración con nombres y apellidos. La mayoría de las personas que quisieron colaborar en este reportaje exigieron que no se revelara su identidad para «evitar las consecuencias». Otros prefirieron callar. El propio alcalde, Félix Aranbarri, se excusó de atender a EL CORREO porque «no era oportuno» ni el momento «adecuado», según transmitió a través de una portavoz de prensa del PNV.

Ondarroa es un municipio partido en dos, donde la convivencia «es difícil». A un lado, los simpatizantes de la izquierda abertzale; al otro, el resto de la población. Enfrentados en un porcentaje del 50%, arriba o abajo. Una «fractura» que los propios vecinos reconocen en conversaciones privadas -«muchas cuadrillas y familias tienen prohibido hablar de política desde siempre»- y que se pudo comprobar en las pasadas fiestas patronales, a mediados del mes pasado. Dos programas de festejos caminaron en paralelo del 14 al 18 de agosto. Uno, el oficial, que hubo de suprimir algunos actos como el aurresku de honor a las autoridades o la comida popular. Y el otro, el alternativo, el de los partidarios de ANV, que sí pudo reunir alrededor de una mesa a todos aquellos vecinos que lo quisieron.

La «fragmentación» de la sociedad se nota en los pequeños detalles. Pasará desapercibida para muchos turistas en busca de preciosas estampas costeras. Pero está ahí, apuntada en enormes carteles aeneuvistas colgados en las laderas de los montes, en las gigantescas pintadas a la entrada del puerto o en los operarios que colocan un nuevo cajero automático en una sucursal bancaria un mes después de que el anterior fuera calcinado. Conviene escarbar para percibir otra realidad. Esa que no brilla al sol del verano en esta localidad volcada al mar Cantábrico. Hay que mirar.

Es fácil tropezarse con el cabeza de lista de la ilegalizada Acción Nacionalista, Unai Urruzuno, mientras pasea con sus hijos pequeños por el centro del municipio o toma un café en una plaza donde numerosos niños juegan en los columpios cerca del puente erigido por el arquitecto Santiago Calatrava. Muchos vecinos saludan con cordialidad y se detienen a hablar con el que se autoproclama alcalde «legítimo» por el valor de los votos nulos. Ondarroa fue el 27 de mayo una de las doce poblaciones de Euskadi donde las papeletas invalidadas superaron a las obtenidas por el primer partido legal.

Ladrones y paracaidistas

La tranquilidad con la que Urruzuno recorre las calles de su municipio o atiende a este periódico en una terraza plagada de gente contrasta con la presión padecida por los integrantes de la gestora que ocupa el vacío dejado por los electos de PNV y EB, quienes renunciaron a su puesto por miedo. Carteles por la calle tildan de «ladrones» y «paracaidistas» a representantes de peso entre los peneuvistas como la secretaria del EBB, Josune Ariztondo; el parlamentario vasco y ex senador Ricardo Gatzagaetxebarria, o la ex diputada foral de Medio Ambiente y mujer de Iñaki Anasagasti, María Esther Solabarrieta. Otros pasquines les comparan con los extraterrestes de la serie 'V', aquéllos de la ficción americana que comían ratones de un bocado porque bajo su piel ficticia anidaba un enorme lagarto. Tampoco se libran de estas alusiones los representantes en la gestora de EB y PP. Sólo el único concejal de los populares cogió su acta de edil después de los comicios.

Las coacciones, bien conocidas desde hace tiempo por los no nacionalistas en muchos pueblos vascos, han saltado ya de la pared al día a día. El único pleno celebrado hasta ahora por la gestora requirió de un importante despliegue de la Ertzaintza. Los pocos vecinos que consiguieron entrar en el salón de plenos llenaron de insultos a los integrantes de la comisión. Unas descalificaciones que la propia Josune Ariztondo ha reconocido que se repiten por la calle con «amenazas reales a particulares, niños y concejales». La secretaria del EBB ha sufrido en carne propia esa ira. Algunos radicales la abordaron mientras paseaba con su madre, de avanzada edad. «He visto caras conocidas insultando» y vivido «episodios muy desagradables» en fiestas, llegó a reconocer en una entrevista radiofónica.

La mayoría de los integrantes de la gestora mantiene lazos familiares con Ondarroa, aunque sólo uno reside en el municipio: el alcalde Félix Aranbarri, que ya dirigiera el Ayuntamiento en las dos primeras legislaturas de la democracia. Quienes conocen a los actuales mandatarios creen que sería «inhumano» que residieran allí. «Saben que si van a por el pan, a por el periódico o a cualquier otro comercio les van a insultar», aseguran.

Otros añaden que «es imprevisible» lo que les puede ocurrir a los concejales «o a sus familias». «Quizá puedan salir un día y, con suerte, no encontrarse a nadie. Pero en esa tesitura lo lógico es no pasear, ni tomar vinos, ni relacionarse». Algunos dirigentes ya han asumido que las gestiones por Ondarroa las tendrán que hacer a distancia, con teléfono móvil y ordenador.

Muchos ediles peneuvistas, incluidos los de la anterior legislatura a los que calificaban de «forajidos», han visto cómo personas mayores, a las que conocían de largo tiempo, les han «retirado el saludo». Otros, vecinos de 60 ó 70 años, se les acercan «hechos polvo» y les piden explicaciones de por qué son ellos los que ostentan el gobierno si «hemos ganado nosotros» -por ANV- y por qué se les ha «apartado» del Ayuntamiento. «¿Cómo se le puede explicar a esta gente lo que son los derechos humanos? ¿Cómo se les dice que alguien ha presentado por ellos listas contaminadas, a sabiendas de que las iban a rechazar? ¿Cómo se les hace ver que no están en el Ayuntamiento porque no han querido?», sostiene un buen conocedor de la localidad costera.

Sin «referente moral»

La tensión no ha golpeado sólo a los políticos. La huelga general convocada por la izquierda abertzale en protesta por la constitución de la gestora enfrentó cara a cara a vecinos que se conocen «de toda la vida». Un grupo de comerciantes decidió no secundar el paro y mantuvo sus persianas levantadas. Cuando llegaron los piquetes tuvieron que hacer frente a cánticos insultantes y a forcejeos. Los seguidores de ANV grabaron incluso en vídeo los rostros de quienes no les apoyaban aquel día.

La situación alcanzó tales niveles que los propios aeneuvistas convocaron días después una reunión con los mismos comerciantes. Allí reconocieron de forma velada que habían cometido algunos excesos. «Saben que sin el apoyo, aunque sea por miedo, de las tiendas el próximo paro no tendrá ningún éxito. Y ya han visto que hay gente dispuesta a plantarles cara. Aunque los políticos y la Ertzaintza estén ausentes», sostiene un vecino.

Los argumentos para tratar de explicar el motivo por el que se ha llegado a este punto en la convivencia en Ondarroa son tan variados como sensibilidades políticas existen. Unos acusan a ANV de haber «buscado la confrontación» y encontrado «por sorpresa» la mayoría absoluta «en una localidad donde lo lógico es que fueran la segunda fuerza».

Otros reprochan al PNV que no haya querido afrontar de forma directa el problema ni contar con un «referente moral» en el Ayuntamiento que contrarreste el gran sentido de la militancia que posee la izquierda abertzale y los «antimodelos sociales» que representan etarras como Aitzol Etxeburu, ondarrutarra y uno de los terroristas más buscados.

También hay quien habla de la «insensatez» de la Ley de Partidos, «que aquí no hace más que enturbiarlo todo y permite a ANV un discurso victimista que cala», o quien critica que la Policía autónoma no detenga a quienes practican la kale borroka «porque los arrestos generarían más problemas». Los menos también apuntan al carácter «bravo» de quienes habitan en la costa vasca e, incluso, aluden a las características geográficas de Ondarroa, alejada del resto de Vizcaya, como una especie de «mundo propio».

Acción Nacionalista también tiene su propio análisis de la situación. Unai Urruzuno niega el discurso de quienes acusan a su partido de ejercer presión sobre el resto. «La única presión aquí es la que ejerce el PNV de Sabin Etxea, que toma el pueblo con la Ertzaintza para celebrar plenos, que apenas deja entrar a los vecinos a las sesiones plenarias y que hace las cosas a espaldas del pueblo, sin anunciar esas reuniones», sostiene. En su opinión, los electos que renunciaron a sus cargos «supieron interpretar los deseos» de los ciudadanos, algo que «no han entendido» los principales dirigentes del partido de Imaz.

«Siendo ilegales, la gente de Ondarroa ha entendido que la Ley de Partidos debe superarse y decidió que nosotros fuéramos la mayoría absoluta. El electorado de la izquierda abertzale no ha estado engañado. Sabía que el PNV no había hecho nada por el municipio en los cuatro años anteriores».

Unos y otros coinciden en que recuperar la normalidad es una tarea «más bien imposible» y «a muy largo plazo».
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