
Eso significa que habrá transcurrido exactamente un mes entre el anuncio formal y la ejecución del cese. ¿Por qué? Eso todavía no se sabe. No parece que Craig se reserve para dar ninguna batalla. Aunque ayer insistió en defender su «inocencia» -«yo no soy gay, yo no hago esas cosas», se le oye decir en la grabación policial que le incrimina-, lo hacía con ánimo sombrío y no beligerante.
Era un hombre derrotado el que, acompañado de su sufrida esposa, Suzanne, compareció en un aparcamiento donde sólo le aguardaban doscientos seguidores. «Larry, te queremos», proclamó uno en voz alta. A lo mejor no era el eslogan más feliz.
Sórdido episodio
El episodio por el que se detuvo a Craig el pasado 11 de junio en el aeropuerto internacional de Mineápolis, y por el que pagó una multa de 500 dólares (424 euros), es difícil de emular en su sordidez. Un policía de paisano, el sargento Dave Krasnia, contó que Craig le toqueteó con su pie y con su mano, cuando orinaban en compartimentos contiguos de los baños del aeropuerto.
Al saber quién era Craig, parece que el primer disgustado fue el sargento Krasnia. «Me ha decepcionado usted, señor. Yo me espero estas cosas de gente que sacamos de la calle, no de usted, a quien la gente vota», le espetó. Y exclamaba: «¿Qué vergüenza, qué vergüenza, así no me extraña que nos vayamos a pique!».
Craig aún sostiene que no se va porque sea culpable, sino porque no hay bastante gente que crea en su inocencia, y eso le inhabilita electoralmente en un estado tan conservador. «Pido perdón a mi familia, a los que tienen el coraje de apoyarme en estas circunstancias y al pueblo de Idaho por la pena que le he causado», declaró.
Y eso que no está la cosa para ir regalando escaños. Los demócratas paladeaban ayer esta dimisión tras desayunarse con el anuncio de que John Warren, el carismático senador por Virginia que pidió la retirada simbólica de 5.000 soldados de Irak -una tercera vía entre lo que quiere el presidente Bush y lo que quiere el partido de la oposición-, no optará a la reelección en 2008.
La marcha de Warner abre la veda a que un estado que antes era feudo republicano pase a manos demócratas. Pero ni así se ha movilizado la maquinaria republicana para impedir que el 'viejo león de Virginia', veterano de la Segunda Guerra Mundial y de la de Corea, abandone su puesto. Desde el cual tanto incomoda al presidente Bush.






