
En este punto surge el primer contratiempo. Con García Macua ya en la presidencia, el Barcelona comunica que es obligatorio pasar por caja, como recordó el pasado miércoles Joan Laporta al proclamar rotundo «Ezquerro no se irá sin traspaso». En todo caso, el Athletic siguió en estrecho contacto con el delantero, cuyo fichaje había pedido expresamente Joaquín Caparrós.
Los acontecimientos se precipitaron en los últimos días. El Athletic le presentó una oferta el miércoles, otra mejorada el jueves y dos más el viernes. Entre la primera y la segunda de ellas, el atacante comunicó a Ibaigane que contaba con propuestas de importantes clubes europeos, en referencia al Celtic escocés, el Benfica portugués y el PSV holandés. Sin embargo, la junta directiva descubrió en sus contactos con el Barcelona que estas ofertas no habían llegado al club. Surge la sospecha de que las utilizaba para pedir una mayor ficha en Bilbao.
Los hechos parecen confirmar esta versión. Ezquerro no ha llegado a un acuerdo con el Athletic, pero tampoco se ha ido a Glasgow, Lisboa o Eindhoven. Todo lo contrario. Se ha quedado en Barcelona en donde Frank Rijkaard le ha incluido en la convocatoria de hoy diciéndole que «es una pena» que no se haya ido.
Una vez que a Ibaigane le quedó claro que Ezquerro sólo contaba con su oferta, los contactos se dirigieron al Barcelona. La junta rojiblanca llegó a alcanzar un principio de acuerdo con Joan Laporta. El Barça cedía la carta de libertad de Ezquerro a cambio de 200.000 euros.
Los dirigentes rojiblancos volvieron a hablar el viernes, último día hábil para fichar jugadores, con el atacante. En vista de que no contaba con mejor propuesta que la rojiblanca y que había que pagar una cantidad al Barcelona, se le comunicó que la oferta era inferior, aunque según fuentes del club era "muy importante". En dos ocasiones a lo largo de ese día, la última de ellas a las 22.00 horas, Ezquerro contestó negativamente.
Macua y Caparrós aplicaron entonces el plan B, previamente diseñado, destinado a cerrar la plantilla con o sin Ezquerro. Se telefoneó a Joseba Garmendia y se le comunicó que se le tramitaba la ficha. El joven atacante recibió la noticia tremendamente emocionado, con llantos y promesas de que lo dará todo por no dejar escapar esta oportunidad.
Inesperadamente, a la once y media de la noche, treinta minutos antes del cierre de fichajes, Ezquerro telefonea para comunicar que acepta negociar. Su interlocutor le explica que ya es tarde, que ha dejado pasar todas las oportunidades, que, como él mismo sabe, la plantilla acaba de quedar cerrada y que, desde luego, a nadie se le pasa por la cabeza llamar de nuevo a Garmendia para comunicarle que su ficha vuelve a ser retirada.
La interpretación que se hace en Ibaigane de las frustradas negociaciones es que Ezquerro creyó estar en una posición de fuerza y que iba a ser él quien dictara y formulara las condiciones. Había tensado tanto la cuerda que se rompió. Cuando quiso arreglarlo, era demasiado tarde.








